La Sierra de la Peña de Francia reparte el destino de las aguas entre Duero y Tajo al sur de Salamanca; y en la ladera septentrional del pico Cervero nace precisamente el río Huebra que llegará al Duero después de atravesar buena parte de la provincia.

Aquí tenéis el track de wikiloc
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El Sol

Aún estando en el inestable abril teníamos ganas de caminar, así que nos acercamos a Escurial de la Sierra con la intención de seguir una ruta sencilla y bien marcada: La Calería. Tiene algunas alternativas entre las que elegimos pasar por los manantiales del Huebra y subir hasta el Pico Cervero (1465)

Aunque algunos cálidos rayos se colaban entre las nubes ni los presagios ni las previsiones eras precisamente soleadas.

Escurial de la Sierra: horno de cal
Horno de Cal en Escurial de la Sierra

Tras estacionar junto al ayuntamiento comenzamos nuestro recorrido, primero callejeando un poco por el pueblo decorado con viejas bicicletas de colores; curioseando sus fuentes y su iglesia para después iniciar la caminata.

El nombre —“La Calería”—, corresponde a una subcomarca con cuatro poblaciones, tiene que ver con la antigua industria de fabricación de cal que albergaban estos pueblos hasta mediados del pasado siglo. Buscaban arriba, en las crestas, las vetas de piedra caliza; bajaban las rocas a sus lugares y en grandes hornos de piedra las cocían hasta que la reacción química producida las convertía en materia prima para la construcción. Como tantas cosas por el Duero ésta ya no se hace.

Subimos pausados. Aún, entre nubarrones, algunos rayos de sol nos iluminan la cuesta. Nos vamos haciendo al buen camino. Lo primero que nos llama la atención son las retamas que los bordean, —¡son de flor blanca!—. Armonizan perfectamente con el resto del paisaje, nubes, robles; con los verdes blanquecinos de los líquenes y con los musgos más intensos.

Durius Aquae: Escurial de la Sierra y el Campo Charro al fondo
Escurial de la Sierra y el Campo Charro al fondo

Un paisaje suave bajo un cielo amenazante que nos permitió desde algún mirador en la ladera contemplar la inmensidad verde del Campo Charro. A cierta distancia el canto nítido y monótono del cuco daba ritmo a nuestro caminar.

La Niebla

A medida que subimos el cielo se cierra, comienza una fina llovizna y poco más arriba niebla. Afortunadamente la temperatura es agradable y con la cuesta mantenemos el tono.

Nos colamos entre un pliegue de la ladera norte del Cervero; por el debería de discurrir el incipiente Huebra pero aunque encontramos humedad el agua no corre. Seguimos subiendo y más arriba encontramos la Fuente del Campo y otras. Pequeños manantiales que conforman algunas charcas que no consiguen dar continuidad al agua aunque lo prometen.

De nuevo tomamos el camino y llegamos a una desierta área recreativa que apenas se vislumbra por la cerrada niebla, aun así nos dirigimos al pie del Cervero. Allí decidiremos…

…Y conscientes de que no podremos disfrutar de las vistas hacia el sur, sobre el valle del arroyo Quilamas, decidimos subir la pequeña montaña por una pista que parece un paseo. Subimos el último lanchar hasta el mirador y sólo gracias a la imaginación pudimos disfrutar de los puntos en el horizonte que sus carteles indicadores señalaban.

El Granizo, la nieve

Dejamos la ventosa cresta para protegernos entre las laderas pobladas de melojos fantasmales. Ahora un fino granizo nos acompaña algunos tramos poniendo una monótona música de timbales en nuestras capuchas. Después lluvia y luego sol y luego… más lluvia. Y aún así el paisaje entre brumas era hermoso y el paseo entretenido.

Entre los tonos claros de los robles desnudos y los pardos de la hojarasca la primavera emerge en forma de preciosas colonias de narcisos, de prímulas, de cantuesos y de orquídeas. También siguen las abundantes escobas blancas salteadas con aliagas. Un festival de húmedos y suaves colores.

Durius Aquae: El bosque de fiesta
El bosque de fiesta

Pero ahora una corta pero intensa nevada nos hace ensimismarnos de nuevo entre la ropa protectora, caminar en silencio y descender entre bosques sin fin.

Entre este espectáculo llegamos hasta Navarredonda de la Rinconada.

Y la lluvia

Bajo un balcón protector dimos cuenta del bocadillo, no encontramos bar y decidimos seguir. Al fin y al cabo solamente era lluvia. Nos despedimos de sus caños, de su charca y de su parque y seguimos camino. Ahora la lluvia era intensa y los caminos mostraban algunos charcos y barros que había que regatear.

Los árboles agigantaban, parecían colosos de enredadas pero armoniosas formas, todos ellos grafitados con sus parásitos verdosos. Encinas y castaños se mezclaban con quejigos y en los pequeños arroyos que íbamos cruzando zarzas y chopos se ajustaban a sus riberas. Entre todo este verdor, la retama seguía poniendo el factor común al recorrido con su blanco cálido y cuando la lluvia paraba, la voz del cuquillo nos acompañaba de nuevo.

Así regresamos a Escurial, cruzando su río Grande —que no es otro sino el Huebra— por un coqueto puente de dos arcos sobre un hilo de agua, ahora sí: corriente.

 

Un nuevo chaparrón estalló pero este ya nos pilló al abrigo de la cafetería del pueblo con bebida caliente. Secando la cámara y comentando un buen paseo de algo más de 23 km que nos parecía un año entero climatológicamente hablando aunque solamente había sido una simple jornada. Eso sí: de abril.

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