Esta vez madrugamos y cuando el sol despuntaba nos encontrábamos ya en Torquemada. Cruzamos el hermoso puente mayor que cruza el Pisuerga en sus 300 km de curso y nos adentramos por las laderas valle en busca de los cerrillos que dan nombre a la comarca cerrateña.

Rincones del Cerrato: Entre Pisuerga y Arlanza
Rincones del Cerrato: Entre Pisuerga y Arlanza: aquí el track de Wikiloc
Yeseras: las minas del Pisuerga

Traspasamos las vías del ferrocarril y comenzamos a trepar entre reflejos de espejuelos nacarados por un viejo camino que llevaba a las yeseras del páramo del Mueso. Bordeando el paramillo, cerca de la cresta, una sucesión de profundas bocas nos muestran los restos de lo que fue en su día una actividad minera boyante. Se extraía almez para convertirlo en el yeso con el que se lucían las paredes y que ahora nos deja una curiosa cicatriz que poco a poco se cierra debido a naturales derrumbes.

Durius Aquae: Torquemada, páramo del Mueso
Por el páramo del Mueso hacia Hornillos

Subimos arriba y los parques eólicos toman protagonismo. Decenas de aerogeneradores zumban rítmicamente azuzados por un suave y cálido viento del este.

Llegamos hasta Hornillos de Cerrato y allí más de los mismo. Los cantiles del páramo horadados con cientos de cavernas que empequeñecen su castillo. Y arriba más aerogeneradores.

Durius Aquae: Hornillos de Cerrato
Yeseras en Hornillos de Cerrato

Nos atrevemos a explorar alguna cueva con las linternas del móvil; están dispuestas en forma de damero. Formadas por galerías profundas que se internan hacia el interior del monte y que se cruzan con otras perpendiculares y paralelas al camino de acceso. Dentro aún se pueden observar variados restos de la actividad y a medida que nos internamos un fino polvo blanco virginal cubre los suelos. Nos agrada el frescor de las galerías en contraste con la canícula exterior pero los techos formados por estratos paralelos se derrumban y no conviene abusar de la suerte.

Valdecañuelas y Valdecañas

Dejamos Hornillos y sus minas y cruzamos un puertecillo que nos lleva cuesta abajo entre quejigos hasta Valdecañuelas. Allí jalonando la entrada al valle del arroyo del Castillo se nos muestran otras misteriosas ruinas de ermitas o torres que dan cuenta de antiguos despoblados ahora cubiertos de cereal y camelina.

Durius Aquae: Valdecañuelas
Valdecañuelas

Seguimos por un ramal de la Burgalesa hasta Herrera de Valdecañas, aquí el Cerrato conserva un aire más natural, su cañada marcada y los restos de tenadas y corrales entre vallejos nos recuerda su auténtica naturaleza.

Ya hemos subido a tres veces a los páramos y por hoy será suficiente. Tomamos un refrigerio casi sin ganas por el calor en el atrio de la Ermita de los Remedios con la vista puesta en las riberas del Arlanza que por aquí se une al Pisuerga. Un lugar que, al regreso, trataremos de encontrar.

Durius Aquae: Caño en Hornillos de Cerrato
Caño en Hornillos de Cerrato
Y regresamos por las riberas.

El calor sigue apretando; pensamos que será mejor buscar las riberas para regresar. Así que seguimos hasta Quintana del Puente. El Arlanza baja con brío en su última etapa en la que acaba de acoger al Arlanzón poco más arriba. Desde el magnífico puente que da nombre a la localidad no podemos pensar en otra cosa que en un baño.

Ahora llegamos a Cordovilla la Real, situada junto al Pisuerga. Reponemos agua fresca, esta vez de una cisterna de reparto que nos aconsejan mejor que la de la red y tras visitar la villa cruzamos otro imponente puente para salir de entre ríos y encaminarnos de regreso hacia Torquemada.

Hoy la entrada bien había podido estar dedicada a los puentes que hemos atravesado.

Durius Aquae: Puente de Torquemada
Puente de Torquemada sobre el río Pisuerga

Tratamos de seguir junto a las riberas —más frescas—pero no es posible; tenemos que alejarnos por caminos paralelos. Al llegar a la unión de Arlanza y Pisuerga tratamos de alcanzarla pero resulta imposible. Ya no hay pastores, tampoco hay pescadores. Las riberas están imposibles, salvajes, selváticas. A duras penas vislumbramos la desembocadura. A pesar de todo alguien valiente encuentra un recoveco para darse un chapuzón entre las cañas.

Y Torquemada

Finalmente llegamos a Torquemada. Recorremos su puente de nuevo, su molino y sus templos. También damos un paseo por algunos de sus populares barrios de bodegas. Sobre el cerro cercano, junto a Villamediana, ya no se distinguen las enormes parabólicas del centro de transmisiones abandonado. Quedan pocas fuerzas y dejamos la visita a la ermita de Valdesarce para otro día.

Durius Aquae: Torquemada
Ermita de la Santa Cruz en el cementerio de Torquemada

A cambio unas cañas con limón y algunas reflexiones sobre nuestro micromundo cambiante: ríos abandonados, selváticos, con el agua justa (o menos) y sin apenas accesos. En cambio, los páramos cerrateños que antaño fueron salvajes quejigares ahora se encuentran “urbanizados” con espléndidos caminos que enlazan el interminable rosario de aerogeneradores.

Y aquí otra versión de nuestro viaje por Piscatorem

Durius Aquae: Monolito conmemorativo en el puente de Cordovilla la Real
Monolito conmemorativo en el puente de Cordovilla la Real

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