Esta vez partimos de Quintanilla de Arriba temprano con la pretensión de rodar despacio hacia Canalejas y regresar pegados al Duratón en los momentos de más calor.

Aquí el track de wikiloc

El terreno es agradablemente conocido pero el reto, esta vez, consistía más bien en torear la calor; traducido a temperatura llegaría hasta los 39º-40º debido a la potente ola de calor que estábamos soportando esos días.

Comenzamos remontando el valle del Duero

junto al arroyo del Pozo hasta llegar a Las Majadas. Una viña jalonada de cipreses aporta el único verdor a un duro paisaje blanco y amarillo. Más adelante nos sorprende un enorme campo plantado de pistacheros que espera paciente a sus primeros frutos.

Quintanilla de Arriba: Puentecillo del ferrocarril sobre el arroyo del Pozo
Quintanilla de Arriba: puentecillo abandonado del ferrocarril sobre el arroyo del Pozo

Arriba encontramos el viejo chozo de San Masín que alguien se ha molestado en recomponer y cerca del mismo una carrasca de donde se levanta un pequeño corzo asustado. Restos de chozos y corrales aunque el ganado ya no suele frecuentar estos pagos.

Quintanilla de Arriba: el chozo de San Masín
Quintanilla de Arriba: el chozo de San Masín

Dudamos si seguir por lo alto o bajar hacia Langayo, tomamos una decisión intermedia bajando por el camino de los Aguaduchos. A mitad de ladera encontramos un caño con abrevadero por el que escurre un débil hilo de agua. Seguimos con el descenso.

El tortazo

El camino es firme, no corro y disfruto del viento cálido en la cara y del paisaje pero algo sucede; alguna rueda patina, la otra se encaja, ahora una cárcava diminuta y a continuación un pequeño charco de arena. La bicicleta se encabrita, se desestabiliza y ya no soy capaz de llevarla a su sitio. Freno bien pero el tortazo es inminente y sucede. Se inclina y caigo, reboto entre la bicicleta y finalmente pierna, brazo y casco chocan con el suelo. Y allí quedo sentado, ligeramente conmocionado.

Llega mi amigo y me ayuda. —¿Estás bien?¿qué ha pasado?

— Vamos, poco a poco. Hasta Langayo a lavarme un poco.

Bien estoy, relativamente. En cuanto a qué ha pasado, no se bien. Sí, que me he dado un buen tortazo.

Me levanto con ayuda y me recompongo; entre tierra y polvo la sangre pone de manifiesto los variados raspones y el casco tiene un buen bollo. Seguimos, cambiamos el rumbo y nos dirigimos a Langayo. Justo antes encontramos las piscinas que acababan de abrir y aún no hay bañistas. Y allí me lavan, curan e incluso tomamos una limonada. Pues nada eso que me llevo por delante.

Langayo: fuente de los Aguaduchos
Langayo: fuente de los Aguaduchos

Ante el incidente propuse no alejarnos tanto y nos dirigimos hacia Peñafiel, cuyo castillo ya se apreciaba en la lejanía entre una densa calima. Llegamos bien, con algunos dolores que fueron desapareciendo por efecto del ejercicio, supongo. Junto al río almorzamos con calor y poca hambre, incluso alguno prefirió darse un buen chapuzón.

Regresaríamos por la sombreada Senda del Duero

pero ya que estábamos allí decidimos visitar el Castillo Viejo, un curioso paraje de peñascos verticales desgarrado del páramo. Y este fue otro de los problemas de la jornada, la subida de la cuesta a las tres de la tarde nos puso al límite de nuestra resistencia con una desagradable sensación de falta de aire y fatiga. Aún así llegamos y campo a través pudimos disfrutar de una maravillosa vista poco frecuente de Peñafiel.

Peñafiel desde Castillo viejo
Peñafiel desde Castillo viejo y las sombras verticales

De regreso a Peñafiel y siguiendo los consejos que tanto se escuchan por estas fechas nos hidratamos bien con unas cañas con limón y bajamos por el Duratón hasta el Duero por una entretenida y acogedora ribera salteada de puentes y molinos.

Había que evitar los calientes y arenosos pinares así que seguimos por el GR14. Junto a un Duero verdoso y cansino dejamos Pesquera atrás y más adelante los yacimientos vacceos de Padilla. La senda tampoco fue fácil; aparte de sus divertidos toboganes, manantiales y pasarelas la falta de mantenimiento hace que haya numeroso obstáculos en la ruta como árboles caídos y derrumbes que a veces la hacen imposible.

Durius Aquae: manantial junto al Duero
Manantial junto al Duero

Aún así llegamos bien hasta la playa de Quintanilla de Arriba y allí un reparador chapuzón seguido de “una ducha fresca” nos devolvió el tono. Sin más incidentes llegamos al pueblo, allí visitamos su viejo lavadero con noria y la hermosa Fuente de los Machos, hoy sin agua. Después de todo habíamos recorrido casi 50 km. ¡nada mal!

 

Bueno, aunque se suele decir que nunca las desgracias vienen solas o que un mal llama a otro en este caso la caída se quedó sola en la parte dramática y quiero agradecer a los encargados de las piscinas de Langayo los cuidados que me procuraron tras el accidente

One thought on “Por un Duero abrasador y otros contratiempos

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