Seducidos por la esbeltez y belleza de la torre de la iglesia de la Asunción aparecimos en Santa María del Campo. Desde allí recorreríamos estos campos roturados de la comarca del Arlanza entre los ríos Cubillo (del Arlanza) y Cogollos (del Arlanzón).

El día no era especialmente bueno para rodar por la reseca meseta: calor, viento siempre en contra y una atmósfera mortecina y sin contraste que dificulta la fotografía. Pero, menos mal con las pequeñas sorpresas de la ruta todo se fue arreglando y además: ¡ahí estaban también  las hermosas piedras para las fotos!

Santa María del Campo, Burgos
La imponente torre renacentista de Santa María del Campo

Tras recrearnos entre los entresijos de la iglesia y disfrutar con el veloz vuelo de los vencejos pusimos rumbo hacia Mahamud por caminos y cañadas polvorientas entre campos de cereal unos segados, otros aún no y muchos a los que se dejaban sin segar algunas franjas alternas de cereal, no sabemos si para proteger nidos.

Recorremos Mahamud, subimos hasta su ermita en ruinas y terminamos junto al royo admirando la belleza de una armoniosa plaza castellana. También pudimos visitar el templo donde a Cisceros lo hicieron cardenal y admirar su colección de dorados retablos.

Royo y templo de Mahamud
La armoniosa plaza mayor de Mahamud

Seguimos rodando hacia el Este, pronto encontramos algo de monte. Robles y encinas entre jaras de agradable aroma nos acompañaron hasta Villahizán, donde nos acercamos a observar la curiosa ermita del Cristo que disfruta de dos ábsides románicos adosados. Sin abusar de la hospitalidad de la propiedad ponemos rumbo a Zael. Nos fiamos del mapa pero el camino se nos pierde. Primero entre la cebada y después junto al río Cubillo. El mapa nos marca un vado que ya no existe mas el río está seco y no resulta complicado cruzar entre los cañaverales.

Campos del Arlanza en Zael, Burgos
Ribera del río Cubillo. Hacia Zael

Reencontramos camino y seguimos hasta Zael. En el coqueto pueblo encontramos un pozo con una noria que funcionaba. Cuatro vueltas al manubrio y los ruidosos cangilones comienzan a verter agua fría en la que metemos la cabeza sin más contemplaciones, para así, frescos, subir la empinada cuesta hasta la iglesia de Santa Eulalia cuyo pórtico es un auténtico retablo en piedra en el que descansan un buen número de palomas.

Desde aquí tornamos hacia el Norte. Subimos y bajamos cuestas, buscamos fuentes que ya no existen, como la de Saucelamora junto al arroyo del Aguanal. Allí en el lecho húmedo del arroyo, cubierto de zarzas, despertamos de su siesta a un gran corzo solitario que sorprendido y asustado brincó la zanja del arroyo y desapareció súbitamente entre el cereal. Subimos más adelante hasta el vértice de la Torre del Águila: el horizonte difuso no muestra sus límites pero allí mismo ya tenemos  Villaverde del Monte.

Campos de cereal y chopo solitario en la comarca burgalesa del Arlanza
Campos de cereal en la comarca burgalesa del Arlanza

Aquí, en Villaverde todo fueron facilidades: conseguimos sal para nuestro par de tomates, nos mostraron el interior de la coqueta iglesia y nos indicaron un agradable lugar de reposo con sombra, fuente y lavaderos reconvertidos en helada piscina donde pudimos refrescarnos, almorzar, sestear y así burlar de nuevo a la calorina de mediodía.

Tras el descanso seguimos nuestra ruta. Seguimos por amplios paisajes ocres, pardos y muy secos. Al fondo observamos la galería del río Cogollos y la ermita de Villacisla y hacia allí nos dirigimos. Sorprendentemente este río si que es aún es capaz de mantener un hilillo de agua que navega despacio entre la vegetación que crece en su lecho. Junto a él, en un pequeño promontorio se alza la enorme ermita románica que fue iglesia del lugar, ahora despoblado excepto por un gracioso moral que la acompaña.

Ermita de Villacisla, Presencio
Ermita de Villacisla, Presencio

Pero para moral imponente el que encontramos en nuestro siguiente destino: Revenga de Muñó. Junto a su iglesia, también románica y con elegantes arquivoltas en su pórtico encontramos un auténtico monumento vegetal: enorme, cerrado, oscuro y fresco. Entre sus ramas, apoyadas en el suelo encontramos un tronco viejo, ancho y retorcido al que ya hay que ayudar con fuertes columnas de hormigón que lo sujetan. El suelo de los alrededores muestra oscuras manchas color vino; son las moras que caen. Apartamos sus hojas y allí aparecen sus frutos en progresiva maduración. Los incipientes blancos, los agrios rojos y los deliciosos morados. Allí, como niños permanecemos un buen rato picando moras. Al principio con cuidado para no mancharnos demasiado para al final acabar con las manos ensangrentadas del dulce jugo de los frutos maduros.

Tractor y remolque. Tiempo de cosecha en los campos del Arlanza
Tiempo de cosecha en la comarca del Arlanza

Dejamos con dificultad el lugar admirando al viejo árbol que tanto placer nos ha proporcionado y por el páramo del Pitorro abandonamos el pueblo hacia Ciadoncha. Nuestro recorrido por los campos del Arlanza se ameniza; abajo, en el valle, entre un pequeño monte podemos divisar otra ermita; la de Vascones, y a nuestra derecha un enorme viñedo alrededor de una moderna bodega ofrece, para variar, un verde brillante al paisaje.

Y llegamos a Ciadoncha, tras recorrer el pueblo y sus eras llegamos hasta otro pequeño oasis pensado para sufridos ciclistas acalorados. Otro lavadero acondicionado de aguas heladas y transparentes nos hizo detenernos para un último chapuzón reconfortante.

Eras y viejos palomares en Ciadoncha
Eras perdidas y viejos palomares en Ciadoncha

Salimos finalmente entre sus bodegas. Parecen un pueblecito en miniatura de pequeñas y acogedoras construcciones que cubren las viejas entradas para salvar sus galerías y adaptarlas al ocio.

Y poco más y nada menos. Tras algún vericueto y cincuenta y tantos km de bici regresamos cansados de calor y viento hasta Santa María del Campo. Buscamos la fuente de Los Tres Caños para un último refresco pero lamentablemente encontramos el lugar perdido y desolado, casi inaccesible. Era la hora en la que cosechadoras y tractores iban regresando de sus quehaceres dejando atrás su estela polvorienta.

Lavaderos reconvertidos en Ciadoncha
¡Baño en Ciadoncha!

Lavaderos, fuentes y pozos las únicas y placenteras aguas que encontramos en forma de oasis salvadores.

Y aquí, en wikiloc, podéis ver la ruta

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