Aparece el Sol cuando desde La Fuente de San Esteban tomo la carretera hacia Villares de Yeltes donde quiero iniciar hoy mi ruta. Los campos desnudos de cultivo desaparecen en Boada y entro en un mar de encinas que la luz horizontal intenta atravesar.

Hoy quiero acercarme hasta el paraje con el hermoso topónimo de «Riosvueltos», entre Bogajo y Yecla de Yeltes, el lugar donde los ríos Yeltes y Huebra se encuentran con cierta polémica sobre su prevalencia. De momento es el Huebra el que lleva el nombre hasta el Duero.

Villares de Yeltes, Salamanca. Puente sobre el rio Yeltes
Río Yeltes bajo el puente de Villares, bajo el arco y sobre el río los restos de un puente anterior

Enseguida preparo los pertrechos y con la agradable fresca de verano me pongo en camino tras llenar mi bidón con agua de una fuente. Recorro el pueblo situado en un altozano. La espadaña de su iglesia y su solitaria torre defensiva están graciosamente iluminadas por el sol del amanecer. Por sus empinadas callejas no encuentro a nadie y bajo por la carretera hasta el río. Bajo su elegante puente de un sólo ojo el río se muestra ancho y caudaloso; pero es solamente el trampantojo de los azudes molineros que retienen las escasas aguas de Julio para que beba el ganado y se rieguen las huertas.

Comienzo a rodar por el camino de los Gansinos tras abrir y cerrar la primera portera. Trato de seguir la senda junto al río. El paisaje es entretenido, suelos de granito entre dos bosques diferentes el adehesado, de pastos y encina, y la galería del rio en la que abundan los fresnos.

Puente sobre el Yeltes en Salamanca. Línea fuente de San Esteban-Barca de Alba
Puente de hierro entre Villares y Villavieja… de Yeltes

Con cierto recelo me acerco al puente del abandonado ferrocarril a Barca d’Alba. No se si se podrá cruzar pero sigo y al poco aparece. Entre abundantes rocas y retamas tomo alguna foto del puente con el vano más largo de aquella línea junto al Duero que tuvo que ser la más bonita del mundo. Es del tipo Eiffel; cuarenta metros sobre el Yeltes, sesenta su vano central y unos doscientos de longitud. Y ahí sigue firme, solitario y majestuoso.

Subo como puedo el talud y finalmente consigo encaramarme al estribo. El puente abandonado aún conserva un estrecho y frágil paso de madera a su derecha y por el me aventuro fijándome en las tablas pero mirando hacia el mar de encinas para sobreponerme al vértigo. La estructura metálica se mantiene firme; no hay viento, no se escuchan crujidos, solamente algunas tablas rotas. Cuando llego al medio de su gran vano apoyo la bicicleta en la barandilla y tiro algunas fotos. Ahora miro hacia abajo, me fijo en el río entre peñascos y finalmente sigo hasta alcanzar el sólido estribo opuesto. Respiro hondo.

Sigo a pie por la destartalada vía hasta alcanzar un bonito camino algo acarcavado, su firme es a veces de arena gruesa y otras de losas de granito. Y por la dehesa, observado por las vacas, llego hasta la ruinosa estación de Villavieja de Yeltes.

El lugar respira romanticismo, recuerdos añorables de otras gentes que ya no están esperando en el andén las ruidosas idas y venidas del tren. Solamente los fresnos y álamos de la estación se mantienen vivos entre postes inclinados de telégrafo y herrumbrosos cambios de vía.

Estación de Villavieja de Yeltes
Vieja estación de Villavieja de Yeltes – Línea La Fuente de San Esteban – Barca d’Alba

Con los lejanos recuerdos de mis propios viajes por líneas parecidas pedaleo hasta Villavieja de Yeltes. Me reciben con olor a higuera y colores de adelfa. Tras dar aire a la bici en un taller recorro el bonito pueblo: su gran pilón redondo, su plaza con soportales, su iglesia y gentes que van y vienen a sus quehaceres. Algunos de sus edificios revocados de blanco entre piedra de granito me recuerdan el otro lado de Las Arribes.

Pregunto a un paisano por el juego de pelota; muy simpático y entrañable, algo sordo. Se llama Juan Agustín y resulta que hizo la mili en mi ciudad y allí tuvimos un ratillo de charla.

Me indica con mucho humor donde está el juego de pelota:

– Todo recto, más allá de la ermita. Puede entrar a rezar a la virgen. A ver si le hace a usted caso que a nosotros nada…

Nos despedimos; tiene 90 años y tiene que hacer los recados a los que le ha enviado “la que manda”. ¿Se puede pedir más?

Villavieja de Yeltes. Salamanca
Plaza Mayor en Villavieja de Yeltes

Disfruto del juego de pelota: un frontón con nido de cigüeñas rodeado de un magnífico graderío de granito; a saber cuando estuvo lleno por última vez. Paso después por la ermita, efectivamente allí esta la Virgen de los Caballeros, silenciosa en la penumbra entre hortensias azules y blancas. No me dijo Juan Agustín si debía de pedir algo en concreto a la virgen así que lo dejé estar.

Sigo camino en dirección a Bogajo. Junto a la carretera encuentro el Caño Viejo; auténtico ejemplo de arquitectura vernácula, eterna e inamovible. Me  siento un momento para observar sus enormes y pesadas losas grises. La verdad, con un pueblo como este… ¿A quién le apetece una mina de uranio levantando polvo y arrancando encinas ahí al lado?

Sigue en la entrada siguiente…/…
Iglesia de San Pedro ad Vincula. Detalle del campanario
Campanario en Villavieja de Yeltes
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