Berlanga de Duero fue, sin duda, una gran ciudad para ser ahora un tesoro que hay que encontrar. Quien tuvo retuvo y eso se nota. El haber sido la capital de su “Villa y Tierras” ha dejado una impronta que se siente en sus calles y se disfruta en sus monumentos.

Nosotros quisimos dar un paseo mas que por la «villa» por las «tierras»; especialmente por las que se asoman al Duero ya que no hay que olvidar que es donde encuentra su noble apellido.

Buscando el Duero en Berlanga
Para quienes se animen AQUÍ está el track (wikiloc)

El día, de febrero, era de los que busca la sombra el perro; ausencia de viento, el sol nítido y cálido y los caminos secos y firmes; ¡qué más pedir!

Buscando el Duero

Dejamos nuestro coche junto al rollo y después de visitar la Ermita de la Soledad y a la Virgen de las Torres, partimos cuesta arriba hacia La Aguilera con el enorme horizonte de las sierras ibéricas nevadas al norte y el imponente castillo de Gormaz al oeste. En La Aguilera subimos hasta el campanario de su preciosa iglesia porticada de San Martín donde nos recreamos con la geografía de sus tejados entre campanas y palomino.

Durius Aquae: Pórtico románico de San Martín de Finojosa
Pórtico románico de San Martín de Finojosa

Cruzamos el arroyo de Talegones y seguimos hacia Morales; entre su caserío de adobe nos llama la atención en el centro de la plaza su frontón de mampuesto revocado. Una hacendosa mujer que dobla con mimo su ropa en la calle nos informa que allí no encontraremos pan. Mala, aunque esperada noticia.

Durius Aquae: Un Duero que transmite sosiego
Un Duero que transmite sosiego

Nosotros buscamos el Duero que enseguida nos muestra sus fríos verdes relajado entre su ribera desnuda. Junto al río aparece un enebral limpio, sano, cuidado. Las sabinas se encelan de los pinos que crecen del otro lado; son enormes. Así hasta que se presenta la Picota que con sus 18 metros de altura y su bella silueta aperada presume de ser la más alta de Soria.

Durius Aquae: La Pica o Picota, enorme sabina de 500 años
La Pica o Picota, enorme sabina de 500 años

Seguimos por la soleada vega, cruzamos de nuevo el Talegones que llega al Duero con cierto caudal; y es que ahora ya no tiene que llenar la balsa del Molino Blanco que aunque alguien lo cuida y se mantiene en pie, su cárcava está seca.

La estación de Berlanga

El tren de ValladolidAriza que vertebró nuestras comarcas durante casi cien años amaba al Duero y apenas se alejaba de su cauce; eran los vecinos los que tenían que acercarse a sus estaciones. Así encontramos la de Berlanga a cuatro km de la villa, en un paraje ferroviario que gozó de cierto desarrollo como lo demuestra el arrabal que a los pechos del ferrocarril se generó.

Durius Aquae: Estación de Berlanga de Duero
Estación de Berlanga de Duero

Ahora aquella estación que fue considerada de 3ª categoría; su almacén, retretes, casilla y un conjunto de instalaciones soportan un inmerecido abandono y nos dan fe de otros tiempos para España.

A pocos metros encontramos el último de los puentes de esta línea férrea sobre el Duero; su estructura “Pratt” formada por llantas y vigas de hierro unidas con fuertes roblones es de libro. Su color es indeterminado, el ojo nos mezcla rojos de óxido con los grises azulados que lució y sus chapas corroídas vibran y se mueven a nuestro paso. Aun así, nos da la suficiente confianza como para cruzarlo con seguridad disfrutando de la visión del agua bajo su deliberada desnudez.

Hacia la Villa por el Escalote

Aparecemos por el Puente de Ullán, un bello testigo de otras guerras que, afortunadamente, se conserva en buen estado. En las cercanías encontramos la Fuente de la Barca que luce un exiguo chorrillo. Allí damos cuenta de la fiambrera… eso sí: ¡sin pan!

Durius Aquae: El puente de Ullán
Puente de Ullán. Un viejo testigo de guerrillas contra el gabacho

Para compensar el drama del pan, el día febreril nos regala diez minutos de agradable siestecilla al sol sobre la misma hierba.

Justo al lado del puente el río Escalote se entrega al Duero, nosotros ahora lo remontaremos en nuestro paseo de regreso. Llegamos a Hortezuela y desde allí tomamos un camino hacia la Carrascosa para entrar después en la magnífica hoz que el río talló milenios atrás.

Entre el farallón y el riachuelo el sol cuela sus últimos rayos. Las vistas del castillo nos anuncian que vamos llegando al final de nuestro paseo con un tiempo espectacular a pesar de que, en la sombra, aún vamos tronchando pequeños charcos helados.

Durius Aquae: Castillo de Berlanga
Castillo de Berlanga

Aún hubo tiempo de recorrer la Villa; de pasear por su Pedriza e incluso de acercarnos con el coche hasta San Baudelio, pero ambos lugares bien merecen otro relato.

Durius Aquae: figura ornamental de terracota
Y este… ¿quién es?

2 thoughts on “El Duero de Berlanga

  1. Ojalá reabran la vía de tren, para poder visitar este y otros tantos pueblos que ya no puedo visitar por no disponer de tan fantástico medio de transporte por culpa de unos políticos mediocres que nos lo quitaron. La línea se puede reabrir, ponerla en servicio comercial a 160 km/h cuesta poco dinero en comparación a infraestructuras similares y sería un gran gesto a favor del medio ambiente y del turismo sostenible.

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