Primeros de agosto y como es de esperar las temperaturas están disparadas. Ante esto y con las ganas de salir en bicicleta intactas me animo a pedalear un paseo nocturno por el valle y los páramos del Hontanija. Como decía en el titular, buscando esas horas de temperaturas agradables en días de calor que por aquí llamamos “la fresca”.

Durius Aquae: palomar en Villanubla
Palomar en Villanubla y antiguo lecho de la vía. Al lado el manadero
La fuente de los Ángeles

El comienzo, aun de atardecida, no puede ser más decepcionante. Una cosa es conocer que estamos padeciendo una fuerte sequía y otra muy diferente es comprobarlo con tus propios ojos, “in situ”.

El paraje donde nace el Hontanija consiste, que yo sepa, en tres manaderos que surgen arriba, entre las costras calizas más altas del páramo de Torozos. Yo, hasta ahora, siempre los había visto con agua. El primero la fuente de los Ángeles, siempre soltando abundante agua por su pareja de caños. El segundo se encuentra a escasos metros, al lado de los restos de un palomar y pegado a la antigua vía del tren burra, ahora camino. Consiste en una charca verdosa de donde “solía” manar agua a borbotones. Y el tercero es el hilo de agua que sale del muro del antiguo monasterio, de este desconozco más detalles. Claramente entre los tres dan inicio al arroyo Hontanija que unos 22 km más adelante se unirá al río Hornija.

Durius Aquae: Tertulia en la fuente de Los Ángeles
Tertulia en la fuente de Los Ángeles

Pues bien, estos pagos frescos, verdes y provistos de una buena arboleda, este verano están completamente secos. Incluso unos insolentes cardos se permitían ocupar el centro de la charca donde deberían de estar juncos o carrizos.

Para compensar debo decir que encontré bien animada la zona. A estas horas, un buen número de vecinos de Villanubla se acercaban paseando y otros mantenían una calmada tertulia alrededor de la monumental fuente.

Y así me encaminé, siguiendo el cauce seco y rodeando Villanubla, hacia su valle a medida que las sombras se derramaban.

Cuando ruedas de noche y en solitario te encuentras inseguro; tratas de mirar pero no ves. Y además… te sientes observado. En estas circunstancias no es extraño que la ruta discurra por donde le va pareciendo a ella. Así fue como sin pretenderlo rodeé el aeropuerto, quizás por el apoyo moral de sus luces y de su vallado. En un golpe de disciplina me orienté de nuevo hacia el oeste bajando suavemente una cuesta que me llevó hasta el arroyo de la Boada.

Aerogeneradores en el crepúsculo
Aerogeneradores en el crepúsculo
Hacia Wamba

Tras cruzar este arroyo molinero pude vislumbrar la casa de Boada. Después ya más arriba la de la Contienda Baja. Ambas fantasmagóricas, bañadas por la luz pálida de una luna gibosa, casi llena. Ya en lo alto me encaminé hacia Wamba. La luz lunar era suficiente para iluminar el camino pero el fondo de aerogeneradores, con sus potentes destellos, compensaban las buenas sensaciones deslumbrándome desagradablemente. El viento inexistente y la temperatura perfecta, solamente se oía el ruido de mis ruedas y otros de aves que no he sabido identificar.

Intento hacer algunas fotos. Aunque he traído un pequeño trípode mi cámara se niega a enfocar. Hay que venir mejor equipado. Una buena linterna probablemente me ayude la próxima vez.

Al poco inicio el descenso y las lucecillas acogedoras de Wamba se me presentan de improviso. Donde todo era silencio y calma ahora cambia con el alboroto de una verbena.

Durius Aquae: plaza de Wamba
Plaza de Wamba

¡Que curioso!, a veces rodando horas y pasando por varios pueblos —a horas “normales”— nos ocurre que no nos encontramos con nadie. Hoy este pueblo hierve, la juventud llena calles y los poyos están ocupados con tertulianos. Es la fresca y parece ser que también su “semana cultural”.

Tras acercarme al remozado molino de la Fábrica emprendí el regreso. Esta vez mi intención era regresar por el lado izquierdo del arroyo. Cuando lo cruzo, en las afueras del pueblo observo que algo de agua corre bajo un bonito puentecillo de piedra. ¿es posible que tras un comienzo tan seco otros manantiales algo menos elevados vayan manteniendo el pequeño caudal?

La noche en el páramo

Como no encuentro camino pegado al arroyo tengo que subir de nuevo al páramo por la carretera. Al coger un nuevo camino apago las luces de la bicicleta. La sensación de soledad es fuerte aunque los horizontes están todos iluminados; por un lado Villanubla y el aeropuerto, al noroeste el parque de aerogeneradores y al sur el resplandor de Valladolid. En lo alto la luna marca mi sombra negra sobre la pista plateada.

Tomo la cañada de la Carralina para bajar de nuevo al arroyo. Aquí también lleva algo de agua. Tras pasar por el Molino del Cubo trato de cruzar al otro lado por el Molino de La Merced pero un portón me cierra el paso después de cruzar el Hontanija.

De aquí partía el evocador camino de los Panaderos pegado al arroyo de la Carbajosa ¿cómo es que ha desaparecido? Por el se acercaban habitualmente desde Valladolid muchos propietarios de tahonas a por su imprescindible harina hace ya algún siglo que otro. El increíble pasado molinero de este arroyo es algo que sorprende y si no leed esto.

Iglesia de la Asunción, Villanubla
Iglesia de la Asunción, Villanubla

El asunto es que el dichoso portón me obliga a regresar el último par de kilómetros por la carretera —afortunadamente desierta— hasta Villanubla. donde ya no puedo tomar un café pero sí hacer alguna fotografía y regresar al coche.

Al final ha sido un corto recorrido de algo menos de 30 km pero lleno de sensaciones distintas y poco habituales. Aquí el mapa y el track

Ruta nocturna por el Hontanija
En Wikiloc – Durius Aquae, más detalles de la ruta

Sin duda habrá que volver al Hontanija…

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