Nos hemos acercado a la oscura Sierra de la Cabrera con el fin de conocer dos de sus viejos lagos glaciares ahora convertidos en Monumento Natural por la Administración. Las impresiones que nos ha sugerido el lago Truchillas las contamos en esta entrada; dejamos para la siguiente al Lago de la Baña.

Aunque sus circos son vecinos; el primero forma parte de la cuenca del río Eria y por ello del Duero. El segundo —La Baña—, lo hace en el río Cabrera y por tanto ya hacia el Miño, así pues, será un lago invitado y bienvenido a nuestro cuaderno de aguas del Duero.

Las Pozas de Remolín sobre el arroyo Truchillas.
Truchillas: Pozas de Remolín

Tras remontar la carretera junto al río Eria, llegamos a la localidad de Truchas, seguimos hasta Truchillas y de allí hasta el aparcamiento donde comienza la ruta. Estamos en La Cabrera Baja que precisamente es la más alta; se trata de remontar 600 m de desnivel en unos 6 kilómetros por una senda fácil de seguir pero complicada de caminar. Así, nos ponemos a ello.

Estamos a primeros de marzo y el día está despejado. Pronto nos damos cuenta de que nuestro mayor problema será el calor. Nos ajustamos el equipo y comenzamos a caminar entre robles, abedules y alisos desnudos junto al Arroyo del Lago. Una remontada que en ocasiones se realiza sobre un río de cuarzos y pizarras movedizas, tan molesto para subir como para bajar.

Pero como el paseo es el que es y está archidescrito… ¿con qué nos quedamos?¿qué es lo importante, además del magnífico paseo por la naturaleza?

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Sin gran talento imaginativo, a medida que remontas por la pedregosa senda, te vas dando cuenta, —casi vas viendo— la estructura del glaciar. Los niveles que la masa de hielo llegó a alcanzar, su valle en “U” y el violento modelado que produjo en su avance. También la morrenas que fue dejando depositadas y que ahora con cierta dificultad hemos de atravesar entre un manto de brezo y escobas que amenazan con florecer de súbito.

Las aguas del Lago de Truchillas
Lago de Truchillas

 

Y finalmente el lago, —el charco que nos dejó el glaciar— de aguas limpias y transparentes, se cierra donde comienza el valle y por allí escapa el caudal que forma el arroyo.

Ahora el hielo solamente desmenuza las rocas y es el río el escultor que trata de deformar el valle, para de “U” convertirlo en “V”.

Con la vista de este valle y el circo donde termina ¿qué mejor forma para comprender el desarrollo de un glaciar?

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Una vez arriba, ya en el circo, la vista de la pequeña laguna es pura sensualidad. Sus aguas cristalinas suavemente mecidas por la brisa fresca se rodean de farallones rasgados. En la parte alta de éstos, aún se conservan neveros impolutos que alimentan las pequeñas cascadas que vierten sobre el lago hasta que rebosa y genera el arroyo del Lago que, escoltado de blancos abedules, llegará hasta el río Truchillas y después al Eria, Órbigo, Esla y finalmente al Duero.

Arriba, por si quieres y puedes seguir subiendo, el Vizcodillo (2121) preside la sierra. Abajo, al nivel del lago, junto a una pradera encharcada por las aguas de la fuente Fermosina aún apreciamos los restos de cabañas y corrales, ya sin cuelmos, que sitúan al hombre por estos parajes ahora vacíos de ganado y casi de humanos también.

Después de almorzar a gusto arriba descendemos con precaución por cuesta Millín hasta cruzar primero un pequeño arroyo y después el del Lago por un robusto puente de madera. Llegamos ya sin agua aunque hubiéramos bebido del arroyo si acaso.

Completamos el paseo entre las callejas de Truchillas, observando sus casas de piedra oscura y corredor de tablas, sus pajares hundidos y su coqueta iglesia de San Pelayo. Finalmente nos acercamos a conocer Las Pozas de Remolín del Arroyo Truchillas en el final de su dinámico viaje hacia el Ería.

 

Y después de esta maravilla… se nos anuncia el próximo confinamiento ¡salud a todos! y … a casa

 

Skyline de Puebla de Sanabria
Perfil en el atardecer de Puebla de Sanabria

 

 

 

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