En esta ocasión dejamos el vehículo en Pesquera de Duero con la intención de recorrer el páramo donde nacen los arroyos Cuco y Jaramiel y otros. Comenzamos recorriendo la localidad en busca de pan pero no encontramos. Así que, algo frustrados, partimos hacia Roturas con la escasa esperanza de encontrar algún chusco para el almuerzo por las localidades de paso.

Hasta el nacedero del Jaramiel

Saliendo por La Guindalera fuimos subiendo las suaves cuestas del Cerrato en una mañana fresca pero acogedora. Enseguida llegamos a Roturas, encajado en la cabecera del valle del arroyo de San Pedro la carretera termina en la localidad, siendo de los pocos lugares de Valladolid en esta circunstancia. Una vez que murió su olma la fuente con corona de la plaza se convirtió en el punto de referencia del pueblo. Alrededor de la misma el caserío se va desmoronando y nos encontramos otra vivienda más que se hunde peligrosamente.

Por aquí el panadero ya pasó…

Roturas, casa en ruinas
Roturas: otra casa más en ruinas…

Subimos hasta el altozano por el que rodamos libres y felices sin prestar demasiada atención a los caminos. Nos dejamos llevar y aparecemos en San Llorente. Recorremos sus callejas y nos asomamos a su mirador sobre el hermoso valle del Cuco que comienza.

Recordamos el asunto del pan pero aquí ni siquiera encontramos alguna persona por la calle para preguntar. Vaya…

Nacedero del Jaramiel
El páramo se hunde suavemente hacia el Oeste y el Jaramiel forma sus primeras zanjas

Olvidando el asunto nos dirigimos por el páramo hacia la depresión donde brota el arroyo Jaramiel. Encontramos una hondonada amplia y suave; cuesta apreciar el circo que recoge las primeras aguas del regato; no hay fuentes o están secas. Solamente algunos pozos y el incipiente Jaramiel, que comienza siendo zanja, en estas fechas lleva un pequeñísimo caudal que se mueve con dificultad hacia el Oeste. Nos encontramos paseando entre Piñel de Arriba, San Llorente y Encinas de Esgueva. El páramo se eleva sobre los 900 m y a cada ladera le nace un arroyo.

Isarrubia y el Cuco

Después de observar este difuminado nacimiento nos dirigimos hacia otro, hacia el arroyo del Cuco que comienza su escorrentía en la fuente de Isarrubia, vieja conocida, hacia la que nos dirigimos de nuevo.

Isarrubi, Valladolid
Manantial de Isarrubia desde la iglesia del despoblado

Con la vista puesta en sus inconfundibles chopos llegamos a Isarrubia. Aquí es diferente, el páramo se rompe de forma brusca mostrándonos las cavidades de su corteza kárstica. La fuente, de dos caños, parece inagotable y con su regato sobrante, además de regar un huerto, da origen al emblemático arroyo del Cuco. Un paraje en el que nos da la hora de almorzar y como lo hacemos sin pan encontramos nuevos matices en los alimentos y todo nos sabe igual de bueno que de costumbre, incluso mejor. Esta vez la temperatura suave y la ausencia de viento nos permitió incluso dar una pequeña cabezada sobre la hierba.

Visitamos los restos conmovedores de la aldea abandonada de Isarrubia — o Jarrubia— Trepamos a los restos de su Iglesia y desde allí adivinamos corrales y callejas sumidas en la maleza cerrada. Y seguimos nuestra marcha, ahora por el lado izquierdo del valle hasta la fuente de Valdemoral con su chozo restaurado. Bajamos por el bucólico vallejo; entre almendros y nogueras saludamos al pastor de un rebaño que carea hacia el páramo. Llegamos hasta las viejas eras de Corrales y allí encontramos la coqueta ermita de San Antonio con unas hermosas vistas del valle.

Ermita de San Antonio; en Corrales de Duero
Ermita de San Antonio; en Corrales de Duero
Y Curiel

Tocaba remontar de nuevo, así que tomando el camino de Honsequilla comenzamos a ascender hasta llegar a la fuente del mismo nombre en un recodo del camino. Esta no está seca y algo de agua echa por el apaño que tiene en sustitución de su caño.

Seguimos subiendo y al poco, de nuevo en el páramo.

Fuente de Honsequilla
Fuente en Honsequilla

Atardecía y se trataba ya de volver. Poco a poco fuimos zigzagueando en dirección a Las Pinzas encontrándonos en el camino una bonita asomada desde la que el castillo de Peñafiel queda a la sombra del de Curiel de Duero. Desde aquí en un inusual primer plano observamos el cerro del Castillo que domina todo un pueblo que fue cabecera de villa y tierra. Más allá, el Duero, nos muestra su ribera dorada y al fondo el cierre del valle con el castillo de Peñafiel dando comienzo a aquella incierta Extremadura castellana.

Castillo de Curiel
Castillo de Curiel, al fondo el de Peñafiel

Descendemos desde la Fuente la Zarza de regreso a Pesquera y allí finalizamos el paseo con nuestro pequeño manojillo de fotos en la tarjeta como si fuera la percha de un cazador. Parece que nos resistimos a comprender el abandono de nuestros pueblos con tanta historia pero cada vez más vacíos y en los que —parece increíble—cuesta encontrar un pan si no te das de bruces con la furgoneta del panadero.

Parece ser cierto eso de que en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño.

 

Y aquí: la ruta en wikiloc

Bodega en San Llorente
Bodega en San Llorente
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One thought on “Entre el Cuco y Jaramiel, Roturas, Curiel…

  1. lo primero os dire sois fabulosos yo esto tan hermoso lo conozco bien y me gusta mucho ya que vivo lejos y lo añoro tambien os dire soy hija de peñafiel de Peterete y la MARUJA ARRANZ ami el pueblo me gusta ir ok unabrazo

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