Hoy hemos subido hasta el páramo de Simáncas en uno de nuestros recurrentes paseos por la geografía más cercana. En el descenso hemos acompañando al humilde arroyo del Rodastillo desde sus fuentes, en Ciguñuela, hasta su llegada al Pisuerga en Arroyo de la Encomienda.

El arroyo del Rodastillo según CHD
El arroyo del Rodastillo según CHD
El “alto” Rodastillo

Tras pedalear por un páramo embarrado animados por las grajetas que rebuscan su apaño entre los campos recién binados divisamos la torre brillante de San Ginés, en Ciguñuela. Tomándola como faro nos dirigimos hacia ella atravesando a pie un campo arado hasta que llegamos al borde alto de La Cañada. Allí mismo divisamos el viejo chopo de la fuente de los Pocicos, uno de los nacederos del arroyo y de la que mana con dificultad un pequeño borbotón.

Manantial de los Pocicos
Manantial de los Pocicos

El arroyo, o al menos su reguera, comienza sobre los 840 msnm en el pago de Las Ericas de Ciguñuela. Aquí manan las fuentes del Navarro y de los Pocicos estos manantiales, que ahora son intermitentes, le aportan un pequeño caudal con el que conforma el incipiente regato que baja junto al camino de Wamba a Simáncas entre campos de jóvenes almendros que allá por febrero son dignos de visitar.

Discretamente circunda el pico Ciguñuela (848) y sin grandes alardes llega al punto donde recibe al Arroyo del Manzano y el regato que forma la fuente del Arcillar. Aquí forma un bello prado que, de haber ganado, ahora mismo estaría como el más cuidado de los greens británicos.

El prao de Ciguñuela
El prao de Ciguñuela

En el entorno del prao encontramos una magnífica alameda dorada, un refugio de cazadores, más fuentes y los restos de un molino que aún nos muestra la cavidad de su balsa y un hastial de buena sillería que conserva un ventanuco y la salida del cárcavo. A partir de aquí, hoy, por el arroyo corre un chorro continuo.

El Rodastillo “medio”

Seguimos acompañando al arroyo, a veces con la bicicleta a veces a pie. Ahora su pendiente se suaviza, se permite incluso el lujo de algún meandro discreto. Bajo por el Camino de Santiago de Madrid y cuando el camino se cruza con el arroyo encontramos un grupo de cazadores con sus perros que se preparan para batir las laderas. Nosotros seguimos al arroyo que baja tranquilo en su zanja sumida en zarzas y ortigas. Nos acercamos acerco a la fuente de la Puerca, allí en el medio del valle sigue el manantial que ha sobrevivido a los campos que lo cercan.

Vista de Ciguñuela desde el páramo donde nace el arroyo
Vista de Ciguñuela desde el páramo donde nace el arroyo

Por muy pequeño que sea un arroyo siempre hay otros más diminutos que lo ayudan y al Rodastillo por aquí se le juntan el Arroyo de Santa Marina y el Arroyo de la Malaza, además del regato de la Fuente del Muerto de la que también mana agua. En las cercanías encontramos también el sepulcro megalítico de Los Zumacales, hoy día algo adecentado y que nos recuerda a quienes por aquí comenzaron a cultivar la tierra abriendo bosques, allá en el Neolítico.

Y a todo esto el campo ahora desaparece y el arroyo atraviesa artificialmente encauzado un polígono industrial. Más allá: la autovía E-80 y Arroyo de la Encomienda.

Y el “bajo” Rodastillo

El arroyo entra en el polígono pero… ¿por dónde sale?

Suele ser habitual que la presión urbanística haga desaparecer los pequeños cauces molestos para los territorios urbanos y, llegados a este punto, ya cerca del río Pisuerga parece lógico pensar que se hayan deshecho del Rodastillo dentro de un tubo de hormigón.

Pues bien, acercándonos a la autovía podemos observar que entre tubos y caceras reaparece de nuevo el pequeño cauce; que por una alcantarilla funcional atraviesa la autovía y que al salir de nuevo a la luz no solo no se ha perdido, sino que reaparece renovado. Lo encontramos rodeado de jardines y ya integrado dentro del increíble parque del que goza la joven y dinámica población junto al Pisuerga.

Los restos de aquel hermoso pino de alepo
Los restos de aquel hermoso pino de alepo

Bien conocido es el precioso templito románico de San Juan Evangelista. Pero además junto a esta iglesia y el Rodastillo hubo una finca que tuvo un jardín en el que alguien plantó un pino de alepo que llegó a medir más de 25 metros de altura y era la estrella del paraje. Por desgracia, quizás por la severa poda a la que se le sometió o por la presión urbanística o simplemente porque era viejo… ya se nos fue: desapareció.

Pues bien, siguiendo el final del arroyo por este jardín nos llevamos la sorpres

a de encontrar tres enormes tochos que han colocado junto a la ribera del Rodastillo. Tres tochos que parecen los inconfundibles restos de aquel pino que ponía un verde telón al perfil de la iglesia. Seguramente cuando se taló se depositaron en aquella zona, antes abandonada, y han caído en manos de alguien con sensibilidad.

No sabemos cuántas personas de Arroyo recordarán aquel raro (por aquí) pino de alepo gigante pero a muchas seguramente les agrade poder visitar los restos de un buen amigo. Pues bien: ¡ahí están!

Y aquí os dejo un foto de cuando vivía.

Arroyo de la Encomienda, Pino gigante
El Pino del Rodastillo en el 2006
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