Una ruta en el recuerdo

Aquí os traigo una ruta perfecta para la bicicleta que tengo bien registrada en el recuerdo. La rodamos (y caminamos) hace ya algunos años mi amigo Antonio Velasco y yo, un buen compañero y ciclista que por ahora anda algo apartado de la bicicleta.

Nos encontramos ante una ruta clásica, muy conocida, —en la red podéis encontrar varios tracks, todos parecidos y sin problemas de orientación— . Sin embargo la belleza de estos parajes bien merece que le dedique esta entrada con la esperanza de animar a alguien a realizarla.

Durius Aquae: Valle de Pineda y río Carrión
Fascinante Valle de Pineda y río Carrión

Se trataba de remontar el alto Carrión hasta el Pozo del Curavacas por el valle de Pineda. Todo ello por un desdibujado camino que antiguamente servía de paso hasta el valle de Liébana al otro lado de la cordillera.

Para plantarse en Triollo a las nueve de la mañana hubo que madrugar y preparar cuidadosamente la impedimenta. A esas horas y con tráfico escaso debimos de levantar las sospechas de la celosa Guardia Civil ya que, en Carrión de los Condes,  hubo que soplar en un control. Se ve que no les convencieron nuestros atuendos de sufridos ciclistas y las bicicletas sujetas al portón trasero del coche, ¡cómo para desayunar orujo!

El día era excepcional; algo nuboso, con temperatura fresca y agradable a primera hora para luego calentar de lo lindo. En estas condiciones la primera parte fue un paseo de calentamiento y agradable charla hasta más allá de puente Pucherín.

Más adelante los caminos se complicaban un poco, desapareciendo algunos. Esto nos obligo a vadear varias veces el joven Carrión, de agua helada y clara. Algo que había que hacer con precaución debido en parte a la corriente pero también a los gruesos y resbaladizos bolos de piedra que cubrían su lecho (he leído por ahí que posteriormente se han arreglado algunos caminos).

Durius Aquae: vadeando el Carrión
De vez en cuando hubo que remojarse los pies

Así la ruta iba transcurriendo tranquila, ascendiendo suavemente el valle, por un lugar paradisíaco; chozos, puentes y refugios de pescadores se iban sucediendo. Mientras, el ganado, paciendo eternamente, nos miraba anonadado.

El Curavacas

El oscuro y poderoso Curavacas (2520 m) es una montaña de leyenda. Sus cumbres se ven demasiado lejanas pero sus imponentes paredones van estrechando el valle. Nosotros siguiendo al río naciente lo fuimos rodeando.

Durius Aquae: Montaña Palentina
Disfrutando del Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente del Cobre-Montaña Palentina (un poco largo el nombrecito). Mejor lo dejamos en “Montaña Palentina”

Sin cansarnos del espectáculo llegamos a un punto donde al Carrión baja a brincos. Aquí lo mejor es dejar por ahí la bicicleta y subir caminando el empinado trecho hasta el famoso pozo (1790 m). Así lo hicimos y allí almorzamos quedándonos con las ganas de un chapuzón en la laguna, pero ¡había gente! Y no teníamos bañador… En todo caso sí hubo tiempo para una pequeña siestecilla acomodados entre las peñas.

Durius Aquae: El pozo del Curavacas
El Pozo del Curavacas

Y así emprendimos el regreso, la temperatura había subido lógicamente pero el esfuerzo era mínimo: Por delante teníamos un suave descenso de 350 m en 20 km.

Poco antes de llegar a Vidrieros, —¡esta vez sí!— hubo parada y baño en uno de parajes en los que parecía que el río iba más asentado. Y así, tras refrescarnos por fuera, regresamos a Triollo. Un par de “claras” terminaron de refrescarnos por dentro para volver sin prisa, ya de atardecida.

Durius Aquae: baño en el Carrión
Al final… ¡hubo bañito!

 

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