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Quizás era el peor momento para caminar. Acabábamos de almorzar y el bochorno era fuerte. Atrás, a la vista quedaba Renedo, muy acogedor, pero nosotros remontamos el Camino del Valle justo hacia la tormenta que cubría los montes de Riocamba.

El Roble del Prao

En el escudo de armas de Renedo, además de parte de su historia, en su cuartel inferior muestra un paisaje. Éste consta de un árbol y de un río; y esto era lo que andábamos buscando. Tornamos hacia la izquierda, hacia los corrales de Valdecasas y justo antes de encontrarnos con el arroyo de Vallehondo, allí apareció el magnífico y centenario roble que por allí llaman del Prao. Junto a él pasa el río, y este es sin duda el paisaje de Renedo: ríos y robles.

Durius Aquae: el roble del Prado
El Roble del Prao, ¡y qué prao!

El roblón es poderoso y esbelto.  Tiene un aspecto sanote y sus jóvenes hojas le dan tonos verde brillante. Su forma es de medio huevo generando un enorme parasol, típica forma de los robles que se desarrollan con espacio amplio. Abajo tiene una hura de… ¿quién sabe quién vive ahí?

Lo saludamos y fotografiamos con cariño y el nos recoge fresco y amable.

Y el Valderaduey

Ahora recorremos el valle, hemos encontrado un arroyo, el arroyo de Vallehondo que llega desde desde más allá de la  raya con Palencia por el Monte de Riocamba y que a partir de aquí viene a llamarse Valderaduey; un hermoso nombre sobre el que ya hay mucho y bien escrito.

Durius Aquae: Valderaduey
Río Valderaduey, por aquí arroyo de Vallehondo

Los prados y senderos nos permiten caminar próximos a su cauce sonoro, la tormenta nos abandona y el calor y mosquitos aprietan de nuevo. Es entonces cuando recibimos un pequeño regalo en forma de piscina natural, justo para quién quiera usarla. Y precisamente ahí estábamos nosotros, sofocados y cansados. No había que perder esa oportunidad de un baño reconfortante entre pececillos y ranas. Las aguas, relativamente cálidas, eran atravesadas por heladas microcorrientes superficiales inventando un nuevo baño y masaje hasta ahora desconocido para mi.

Durius Aquae: un chapuzón en el Valderaduey
¡Al agua! (foto de Almu)

Ya recompuestos de la calorina encontramos el curioso manantial de Fuententable, un lugar para entretenerse un rato contemplando la burbujeante surgencia del agua clara de entre el suelo rocoso y blanquecino en el que bailan las plantas acuáticas. (no te pierdas este pequeño video de Almu)

El paraje es magnífico entre sotos y arroyos. Hay mesas y bancos y el prado bien cortado. Y pensar que habíamos almorzado en el caluroso pinarejo de la ermita unos metros más arriba. Aquí seguramente hasta habríamos sesteado…

A este particular manantial y otros encharcamientos próximos se les atribuye el nacimiento del Valderaduey convirtiendo el arroyo de Vallehondo en su tributario. observamos como estas fuentes y arroyos, todos ellos con agua corriente, se van reuniendo en un caz…

Durius Aquae: Fuententable
Fuententable, el ojo del Valderaduey
Un molino… ¡qué no está en ruinas!

Seguimos disfrutando del paseo por los sotos, el cansancio había desaparecido al tener el pueblo estaba a la vista. Era hora de tomar un cafetito con hielo. Me acerco a despedirme de nuestro Araduey y encuentro que el Molino de Renedo es una bonita vivienda blanca, rehabilitada y… habitada, siendo su antigua balsa una amplia piscina festoneada de chopas y abedules.

Me encuentro con Mari Cruz que me cuenta con entusiasmo la ilusión que siempre, los suyos, han tenido por el molino. Aunque eso a la vista está.

Durius Aquae: molino de Renedo
Precioso molino de Renedo de Valderaduey. Mari Cruz al otro lado de la balsa.

Me cuenta que el molino contaba con dos muelas: una para el trigo que se cultivaba más abajo del valle y otra para el centeno abundante en los páramos más altos. La de trigo, ella misma la conoció funcionando hasta que su padre se jubiló, allá por los setenta.

¡Enhorabuena Mari Cruz! Conservarlo y disfrutarlo.

Ya el río se encamina hacia la Tierra de Campos que recorrerá preso en una zanja y nosotros por el Soto de Abajo, entre regueras y cigüeñas que rebuscan en el prado, llegamos al pueblo. Con un paseo y un café, que disfrutamos desde la animada terraza del bar, acabo nuestra montaraz excursión.

 

Croquis fuententable, años 80 (CHD)
Croquis Fuententable, años 80 (CHD)

 

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