¿Cómo funcionaban?

Atraemos a las palomas mediante cebos y engaños a una residencia de lujo para que establezcan sus nidos y criar sus polladas: los palomares.

A la vez las protegemos de sus depredadores naturales: zorros, azores, ratas…

Y finalmente nos zampamos 200 parejas de pichones cada año (Según datos de “El Lazarillo de Tormes”)

(además tienes la opción de usar o vender el palomino como potente fertilizante)

Si hubo una construcción peculiar dentro de nuestra enorme cuenca estos fueron los palomares. Desafortunadamente cada día menos y en peor estado.

En su día, fueron símbolo de poder y estatus de villanos ricos. Los exquisitos pichones bravíos fueron un manjar del que nos quedan muchos testimonios y que, aún hoy, pueden saborearse en algunos lugares.

Tan Infinitos en sus formas como la imaginación de sus creadores, su principal material constructivo fue el barro. Hoy en día, ya en desuso, el barro vuele a la tierra. Algunos más afortunados contaron con cimientos y zócalos de piedra; éstos están más enteros y otros revocados con cemento han alargado más su existencia.

Sus patios interiores albergaban pozos, ahora secos, y en los alrededores eran frecuentes almendros y huertos.

En su interior, los nidales que se encuentran en sus muros circundantes aun conservan el palomino que dejaron sus últimos habitantes y entre los restos de tejas, vigas y adobes se entremezclan las plumas que fueron dejando las últimas palomas engañadas.

Aquí os traigo una muestra de como, hoy en día, aun son capaces de embellecer nuestro paisaje rompiendo con la monotonía de nuestros horizontes planos, así como dando ese aire misterioso que evocan las ruinas abandonadas.

 

 

 

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