Entre las vaguadas del sur del pico Valdecebollas, en la sierra de Híjar, surge el río Rubagón. Este descenderá con rapidez 26 kilómetros entre las poblaciones de Brañosera, Barruelo de Santullán, Porquera y Revilla —ambas de Santullán—, Cillamayor, Nestar y Villavega de Aguilar. Después, más calmado, se une al río Camesa en Quintanilla de las Torres y juntos al Pisuerga en las proximidades de Villaescusa de las Torres.

Puente romano en Nestar, Palencia
Puente de la Perdiz
Caminando junto al Rubagón: senda de la Pedrosa

Tras una parada en el viaje para visitar el puente romano de Nestar y una visita al lugar del emblemático Pozo Calero, comenzamos esta ruta paseando por Barruelo de Santullán.

Entre el recuerdo de su reciente y tormentoso pasado minero el río discurre a lo largo de la localidad aliviado entre restos industriales y escombros de mineral que ya no tiene que lavar.

Barruelo, Pozo el Calero
El recio castillete del Pozo Calero

Remontamos el río siguiendo la agradable Senda de la Pedrosa que perdemos adrede en algunas ocasiones seducidos por el río. La primavera está en ciernes y robles y hayas aún no se han enterado. El bosque aparece en clave de grises brillantes por los reflejos del sol. El río baja claro y espumoso pero sobre todo: escandaloso, dando salto tras salto entre los enormes cantos que irrumpen en su cauce.

Pozas en el Rubagón
Pozas y cascadas en el río Rubagón – Senda de La Pedrosa (Foto Almu)

Nos acercamos a su orilla con frecuencia para tocar el agua fría de sus pozas, tomamos algunas fotos y observamos las muchas florecillas que van tapizando el suelo. Tras trepar por la ladera llegamos de nuevo a la senda y pronto a Brañosera.

Brañosera
Brañosera, Montaña Palentina

Entre sus calles admiramos algunos detalles del románico sencillo que nunca falta por estas tierras. También su ayuntamiento que presume de ser el más antiguo de España y, en conjunto, un pueblo redimido por el turismo que armoniza sus construcciones de piedra cálida para conseguir ese nuevo encanto tan valorado hoy en día.

Hacia el Pozo Merino

Salimos por la parte alta del pueblo para bajar hasta el Arroyo del Canal y contemplar el popular Pozo Merino. Llegamos por su parte alta pero nos fue imposible bajar por lo que tuvimos que dar una buena vuelta para lograrlo. Una vez conseguido encontramos el lugar con numerosos visitantes y la verdad es que el paraje lo merece. El arroyo cae por una cascada de unos cuatro metros a un estanque de aguas azuladas casi cubierto por una bóveda de peñas de conglomerado.

Pozo Merino en el arroyo del Canal
Pozo Merino, sobre el Arroyo del Canal

Nos apartamos ligeramente del cauce para evitar el estruendo del arroyo y sobre la misma hierba dimos cuenta del almuerzo al abrigo de un cierzo que venía fresco.

Ya reconfortados seguimos nuestra ruta a los pies de Brañosera por un delicioso paraje donde se unen al Rubagón el mismo arroyo del Canal y el de Pamporquero. Allí junto a uno de los puentes dejamos atrás una pequeña manada de amigables caballos montañeses disfrutando de un tierno prado mientras que nosotros tomamos el camino hacia Los Montezucos.

Y regresamos por la ladera opuesta

Comenzamos a subir y subir… poco a poco, sin prisa. Vadeando el arroyo, explorando manantiales y asomándonos a las cumbres más altas de la sierra de Híjar que aún conservan algunas nieves. Muchas mariposas han eclosionado y revolotean entre brezos y escobas, algunos pajarillos nos acompañan y en un pequeño charco una ranita roja trata de esconderse a nuestra vista. Sobre la arboleda desnuda los milanos negros parecen los únicos dueños.

Montes de Brañosera
Haya, agua y hojarasca

El camino debería de haber sido monótono pero se nos hizo corto y ameno. Primero las vistas de Brañosera y al fondo Salcedillo, más tarde los interminables bosques de robles, hayas y abedules al atardecer sobre una inmensa alfombra de hojarasca parda que apenas permite despuntar a la joven hierba que empuja. Y finalmente el descenso hacia Barruelo iluminado por el sol de la tarde.

Entre hayas y robles
Hermosos rebollos en el valle
El río rojo

Nos dicen que rubagón significa “río rojo” en antiguas lenguas celtas. Lo cierto es que en nuestro camino nos llamaron la atención varios regatos y fuentes que mostraban sus aguas con esos tonos rojos fuertemente marcados, también el río a veces hacía gala de su predilección por este color que dicen es debido a la abundancia de roca ferrosa por la que discurre.

Una de las fuentes "rojas" junto al Rubagón
Fuente «roja» junto al río

Pero la historia de este río viene más bien marcada por el negro de la hulla y de los 150 años en los que definió penas y prosperidades acompañando a España en su historia de conflictos y desarrollos.

El río hoy nos ha mostrado su belleza natural durante la ruta caminando y ahora que sale de Barruelo atravesando el viejo lavadero entre restos del carbón nos muestra también la leyenda de un pasado minero que ahora parece un sueño.

Notas:

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