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Vengo de recorrer la Esgueva desde sus nacimientos. En entradas anteriores he ido contando algunos detalles del viaje. Las cosas que más me han sorprendido y las muchas que me han gustado. Es el momento de acabar para el río y lo quiero acompañar.

Entro en Valladolid después de una buena ruta y dejo la moto polvorienta que hasta ahora ha sido mi ágil compañera. Es hora de pasear y de recorrer una Esgueva que no parece tener nada que ver con la rural que vengo describiendo.

En este mapa realizado por el ingeniero militar Calderón de la Barca le mostraron a Carlos III el recorrido de nuestras Esguevas y las consecuencias de la riada de 1788

Dejé atrás el sifón del Canal del Duero; el lugar —Puente la Reina— donde el río se bifurcaba y unas compuertas regulaban el caudal de cada brazo. De la vieja Esgueva Menor apenas quedan rastros de su cauce aunque es muy fácil intuirla.

Ahora, la única, discurre por donde antaño corría la Mayor y así llega a las puertas de la ciudad que ahora se manifiestan en forma de sólidas columnas de hormigón para soporte de múltiples viaductos que salvan sin dificultad el riachuelo.

El canal de desvío que ideara el ingeniero Uhagón a finales del XIX ha sido ampliado y ahora desde el mismo puente de la calle Aguanieves la Esgueva presenta el mismo aspecto de modelado canal urbano. Son sus últimos tres kilómetros y aparece domesticado para mitigar sus bruscos arrebatos. ¿Cuándo será el siguiente?

 

Las viejas Esguevas

Mientras camino por las nuevas zonas de Valladolid pienso en como tuvo que ser hace ochocientos años. Valladolid realmente nació junto a la Esgueva norte. El paraje tuvo que ser precioso; suaves vallecillos con riberas frondosas y prados colmados de manantiales y algo más allá “El Gran Pisuerga”. Muchas huertas y ganados y las Esguevas… que se llevaban todo. Todo limpio y sencillo.

 

Durius aquae: Prado de la Magdalena. El paso de la Esgueva Menor bajo la cerca.
Prado de la Magdalena. El paso de la Esgueva Menor bajo la cerca.

 

Con el paso del tiempo de pueblo fue pasando a ciudad. Más viviendas y menos huertas y ganado. Se incrementaba la población y se acercó a los ríos. Nuevas torres y puentes y con cierta frecuencia un buen susto en forma de riada.

Tuvo que haber un punto de inflexión, un paso del bucólico paraje medieval al insoportable hedor del barroco que nos describen con injusto desprecio hacia el río Góngora y Quevedo. La ciudad no era saludable y el pequeño río en forma alguna podía con los escombros y porquerías que colmataban sus cauces.

1954. Primeras obras en el Puente de Isabel la Católica (Cubo). a la derecha arriba el Puente del Cubo viejo sobre el Esgueva Sur. Fotografía AMVA

Finalmente la Esgueva norte se cubrió y la sur en buena parte. Pero no fue suficiente. Hubo que apartarla.

 

La Esgueva que conocimos

A principios del siglo pasado se afrontó la obra del saneamiento de la ciudad. Uno de los apartados del proyecto consistía en alejar “definitivamente” a las Esguevas. Se la desvió por el norte a una prudente distancia, sin pensar ni por asomo, que en breve atravesaría de nuevo su entramado de calles.

Poco nos importaban de críos estos disparates urbanos… Fotografía AMVA

 

Pero así fue. Ahora recorro estas calles, antiguos arrabales que en cincuenta años integraron la Esgueva de nuevo en la ciudad.

El primitivo canal comenzaba en el Puente Encarnado, bajo el ferrocarril. Tenía -—y tiene— dos kilómetros de longitud y tan solo dos metros de caída hasta las compuertas de Linares; el lugar donde vierte al Pisuerga. Una parte del proyecto de saneamiento necesitaba disponer de agua almacenada en el canal para utilizar su energía. Se trataba de abonar con los residuos de la ciudad algunas zonas del Pinar de Antequera. Afortunadamente no se llegó tan lejos, construyéndose a cambio la fábrica de luz que aún perdura con otras funciones.

Pronto aquel canal quedó pequeño. Lo demostraron riadas como las de 1924,1935, 1936 y otras. Las obras que se realizaron aguas arriba del río protegían a los pueblos de los desbordamientos tan dañinos a cambio de enviar toda la escorrentía a la ciudad. Además, los embalses previstos aguas arriba no se llegaron a construir. Era necesaria una mayor capacidad de evacuación y fue por ello que se acometieron algunas reformas que ensancharon su cajeado de hormigón hasta conseguir un enorme adefesio que casi cuadruplicaba la capacidad inicial de 25 m/s.

 

Y la Esgueva de ahora

Ahora mantiene el mismo trazado pero presenta un aspecto cosmopolita y saneado. A mi alrededor numerosas personas corren, pedalean y pasean sus mascotas. Luces y colores animan el ambiente y el antaño insano Prado de la Magdalena presenta un agradable aspecto, adornado con los restos del paso del Ramal Norte bajo el muro de la ciudad.

Acogedor aspecto actual del río.

 

Numerosos puentes y pasos la cruzan y abajo, en el cauce empedrado, algunos pescan al lado de las facultades universitarias. Pequeños grupos de anátidas chapotean y, de vez en cuando, también aparecen ratas que husmean indiferentes entre la piedra caliza que conforma su lecho artificial. Un lecho que goza en la capital de un caudal suplementario del mismo Duero que acude en su socorro maquillando su madurez.

 

¿Habrá una futura Esgueva?

Pues vaya usted a saber. Pero intenciones ha habido.

A comienzos de los pasados setenta el Ayuntamiento solicitó de la Confederación un estudio para soterrar el cauce actual ante el lamentable aspecto urbanístico que presentaba la zona y por supuesto el río. La Confederación antes de proceder al estudio solicitó del Ayuntamiento el plan de urbanismo previsto para la zona. La situación era caótica, las licencias se otorgaban descontroladamente y no se tenían en cuenta ni siquiera las alineaciones. El Ayuntamiento no pudo entregar ese plan de urbanismo porque no lo tenía.

De nuevo molestaba… de nuevo querían taparlo. Fotografía AMVA

 

Sin hacer el proyecto se hicieron algunos cálculos someros.  Las obras saldrían muy caras y provocarían absurdas situaciones urbanas como que las rasantes en algunos puntos irían a nivel de algunos primeros pisos. La corporación, supongo que avergonzada, se olvidó del proyecto.

Pero algo había que hacer.

Poco más tarde,en 1972, esa vez sí se realizó un anteproyecto completo proponiendo una nueva desviación. Se trataba de llevar el río más hacia el norte. Cruzaría bajo la Ronda Interior en la rotonda de la carretera de Tórtoles. Después pasaría por detrás del Cementerio del Carmen para desaguar en las cercanías de la Fuente de la Plata en el Soto de Medinilla.

Desembocadura de la Esgueva en el Pisuerga

Tampoco este proyecto prosperó y el río cayó de nuevo en su natural abandono. Así hasta que en los años 90 del pasado siglo se adoptó la solución que conocemos actualmente y que hasta el momento parece que está funcionando. Permeabilizado por más de 25 puentes constituye un agradable punto de encuentro del vecindario.

 

Ya la Esgueva, cansada,

se ha recostado en el regazo del Pisuerga y juntos fluyen hacia el cercano Duero. Regreso de la espectacular desembocadura; un vergel agradable frecuentado por deportistas y paseantes que disfrutan de la cascada de más de siete metros sobre el Pisuerga.

Entro en un bar sediento y pido una caña, algunos alternantes despotrican sobre la situación del tren y las obras de la Pilarica. Sí, ahora el tren es el problema.

Desde la ventana miro el río y me pregunto…

¿Habrá entre estas aguas algunas moléculas que lleguen desde las mismas Peñas de Cervera, donde comenzamos esta ruta?

 

Durius Aquae: El fantasma del tren perseguirá a varias generaciones de Vallisoletanos
El fantasma del tren perseguirá a varias generaciones de vallisoletanos

 

 

 

Valladolid, grabado del XVII

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