Según la CHD, el leonés río Corcos nace en el pueblecito epónimo de Corcos* y llega hasta el Esla en las cercanías de Villahibiera. Se trata de un pequeño cauce de unos 20 km que, en los tiempos que corren, con frecuencia desaparece. En esta ocasión, lo hemos pillado con generosas aguas correteando entre su delicioso valle jalonado de pinares y salpicado de robles.

Comenzamos nuestro paseo en Villaverde la Chiquita, desde allí subimos hasta el pago llamado El Páramo para caer hasta el valle del río Corcos por el Cordel de Merinas. Remontando el valle y atravesando algunos charcales, enseguida llegamos hasta Llamas de Rueda. Un bonito mirador nos permitió contemplar desde cierta altura la verde estampa del valle con el pueblo bien plantado junto al río.

Seguimos nuestra ruta por el camino de Quintanillas. Por lo alto de los páramos que separan el Esla y el Corcos. Caminos secos y firmes por los que daba gusto pedalear hasta que apareció la «habitual» manada de mastines que pensaban que íbamos a cogerles algún cordero y nos montaron una buena bulla. No quedó más remedio que bajarse de la bicicleta y… curiosamente, cuando lo haces, se suelen detener a una moderada distancia sin dejar de ladrar. Con precaución nos fuimos alejando.

Ya libres de los ladradores llegamos hasta el pago de Carcavalón. Frente a nosotros la oscura e imponente Peña Corada se levanta con firmeza, casi cortándonos el paso y, algo más allá, en el horizonte, el pico Espigüete y el Curavacas lucen aún una blanca toca.
Como no vamos a llegar tan lejos, allí mismo tomamos dirección a Corcos; el pequeño pueblo que da nombre el río o… al revés ¿Quién sabe?

Apenas encontramos a nadie en el pueblo, tampoco en el anterior y así con todos. Se van consumiendo a si mismos entre el barro caído de sus casas derrumbadas. En el tejado de una vivienda trabaja un joven y su teléfono suena, cuando descuelga dice en voz alta salam aleikum y sigue hablando. Da la impresión de que nuestro tiempo fuera parecido a los de la Reconquista y que se trate de alguien mudéjar, pero no, en aquellos tiempos estos pueblos estaban nuevos. Le deseamos también la paz saludándole con la mano y seguimos.

Volvemos al valle que resplandece. Es un valle ancho, de marcada forma de artesa. Apenas tiene más vegetación que sus pastos verdes y algún rebaño se despacha a gusto. Todo un prado entre el que discurre el río que, para variar, de vez en cuando tenemos que vadear.
Junto a unas matas de roble abrimos el hatillo y almorzamos sobre la misma hierba, hoy el tiempo acompaña, apenas hay viento y es agradable contemplar en silencio esta naturaleza casi virginal, sin aerogeneradores, ni placas ni tendidos. Ni siquiera ente las nubes se aprecian estelas de la aviación.

Antes de llegar a Llamas de Rueda, remontamos el otro lado del valle y rodamos por la Loma de Monasteruelo. Encontramos más rebaños pero con pastores atentos y responsables. Buscábamos Quintana del Monte, donde finalmente llegamos entre enormes robledales. Visitamos su laguna y su pequeño y ordenado cementerio en el centro mismo del pueblo. Sin más, tomamos la carretera para volver. Esta hecha una pena y apenas hay tráfico, así que, sin dar una pedalada, retornamos hasta Villaverde la Chiquita.
Aquí os dejo el recorrido, por si os animáis.
- .- En nuestras excursiones ya hemos encontrado más CORCOS: Corcos del Valle, pueblecito de Valladolid y el páramo de Corcos, entre las provincias de Burgos y Segovia. Un topónimo abundante y curioso para quien guste de estudiarlos.
