La rivera de los Arroyos

Hemos visitado de nuevo la comarca de Sayago, esta vez de un modo diferente. Primero, con el coche, nos hemos acercado a conocer el recóndito y elegante puente de Pino del Oro; curiosamente el último íntegramente español sobre el Duero. Después desde Moral de Sayago, combinando bicicleta y paseos, hemos realizado un corto pero muy entretenido recorrido hasta las cascadas de Abelón.

Aún falta para la primavera y robles, álamos y fresnos siguen desnudos. Sin embargo, las riveras y sus prados muestran ya un devenir frenético de aguas y pastos salpicados de ranúnculos y pequeños narcisos. El sol anda medio escondido pero cuando aparece entre las encinas el verdor deslumbra a la vista.

Moral de Sayago: pontón del Puerto
Pontón del Puerto

Al llegar al magnífico pontón sobre la rivera de los Arroyos dejamos paso a un pequeño rebaño atendido por una pastora. Aquí hacemos nuestra primera micro-excursión. Visitamos los molinos del Puerto y Trancafuelle, uno restaurado y otro en ruinas, pero los dos entre aguas abundantes que brincan espumosas entre berruecos.

El paisaje es magnífico, seguimos camino entre dehesas y pastos adornados con algunas sabinas albas. También encontramos cultivos de cereales que antaño debieron de ser más extensos a la vista de la cantidad de molinos que el término posee. Y así, por buenos caminos con algunos barros y lapiaces, nos acercamos hasta el Duero.

El Arribe y las cascadas de Abelón

Pronto llegamos a los restos de la ermita de San Vicente, tras las clásicas fotos de la desembocadura del Esla almorzamos a la abrigada en un agradable momento soleado. Después con precaución atravesamos las vaguadas del arroyo de San Vicente y de Peña Velasco para llevar las bicicletas hasta el camino que baja hasta las cascadas y allí las dejamos tras unas retamas.

Embalse de Villalcampo, Zamora
El Duero a punto de recibir al Esla

Bajamos la pared del arribe con el alboroto que provoca el regato de la Conca que baja sonoro rebotando entre peñascos. Al llegar abajo encontramos los restos de otros dos molinos. No queremos imaginarnos lo que tendría que suponer bajar y subir esta senda con las caballerías cargadas con pesados costales. La presa de Villalcampo hace que veamos un Duero hermoso pero recrecido y calmo. Nada que ver con el estruendo que tenía que haber hace un siglo cuando el Duero bajaba bravo y se encontraba con el poderoso Esla en épocas de crecidas.

A nuestra derecha observamos la bonita cascada de Abelón. El regato se desmenuza al comienzo del salto en varias colas de caballo que se trenzan más si cabe al caer formando dinámicos abanicos para reunirse de nuevo en un único chorro que se zambulle en el Duero. Este es, sin duda, es el espectáculo del agua.

Arroyo de la Cunca se despeña
Cascadas de Abelón

Una de las caídas se captaba a media cascada para llenar el canal que suministraba agua a los molinos de cubo. Primero a uno y con el socaz de este se llevaba el cubo del segundo, bastante más bajo. Se trata de un lugar muy frecuentado del que hay que huir en festivos pero que sin duda no defrauda.

Tras visitar la curiosa peña de la Campana nos dirigimos, en bici de nuevo, hacia el pueblo de Abelón.

Pueblos sayagueses

Llegamos a Abelón y de allí volvemos a Moral. Los caminos por los que rodamos son un tesoro paisajístico en si mismos, —como recorrer una postal—. Las omnipresentes cortinas salpicadas de encinas y de charcas. Los regatos que acompañan a los caminos, el ganado…

Ovejas en Abelón
El ganado en la cortina

Y también las poblaciones. Moral de Sayago y Abelón son dos pueblos que forman un municipio. Nos parecen desparramados y cuesta encontrar un casco urbano definido. Huertos y pastos se alternan entre el caserío haciéndolos extensos, amplios. Sus edificios de granito se mantienen firmes y de algunos surgen chorros de humo con olor a encina y quejigo. Iglesias antiguas, recias y humildes que no alardean de torres que interfieran en el suave horizonte. Y, tras lo que se ve, subyacen en ambas localidades restos de calzadas y estelas funerarias que demuestran que también los romanos gustaron de recorrer estos parajes.

Seguimos de regreso y nos topamos de nuevo con la rivera de los Arroyos. Ahora justo junto al molino de La Resbaladera; un estético conjunto de edificios que sobrevivieron a la falta de agua veraniega mediante motores, primero de carbón procedente de un barco valenciano y más tarde eléctrico cuando los beneficios del Salto del Porvenir se extendieron por la comarca. Además del molino: almacenes, cuadras y balsa se despliegan al costado de unos enormes berrocales que parece que van a resbalar, probablemente de ahí el nombre.

La Resbaladera, Moral de Sayago
Molino de La Resbaladera

Y llegamos de vuelta a Moral de Sayago. Esta vez sin agotarnos. Al acercarnos a su iglesia de San Esteban nos encontramos con una cuidada fuente romana de enormes lajas en su cubierta a dos aguas: la fuente del Concejo. Y, junto a la cabecera de la iglesia de San Esteban, nos despedimos de una enorme morera que espera impacientemente el estallido de sus brotes nuevos que revientan.

 

Y aquí el agradable track

 

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