Había dejado al río Zapardiel en las cercanías de Fontiveros en plena y húmeda primavera. Las aguas de la Fuente de Parral daban algo de vida a un cauce que ahora, tres años después, continúo en invierno.

Encuentro en La Moraña su ancho valle verde y luminoso; el horizonte, muy lejano, apenas nos deja distinguir su línea difuminada en una tenue calima. No hay obstáculos para la vista ni tampoco para la mente y hoy, eso es lo que apetece.

Barromán en la Moraña
Puente sin río y río sin puente en Barromán

Comienzo a mediodía en Barromán, y después Bercial de Zapardiel y luego Cabezas del Pozo y a continuación Cisla. Es realmente fácil: montas en la bicicleta, observas el horizonte y siempre ves una torre, te diriges a ella y llegas por cualquier camino. Y de nuevo a comenzar sin que sea necesario el mapa.

La Moraña
Camino morañés

Los caminos están firmes y secos. Las charcas y labajos secos también. Rodamos junto a los restos de la torre de Bañuelos. En esta ruta encontraremos muchas más; algunas disfrazadas de campanarios y otras mostrándonos sus huesos que nos acercan a un pasado de toques a rebato bajo diferentes reinos y religiones.

No es un día para vadear

El tiempo, como el paisaje es soleado y sereno, cuando salgo de Bercial lo hago por un vado. El sol me anima a cruzarlo a pesar de que el río baja con cierta corriente. El suelo parece firme y decido hacerlo despacio para no salpicarme demasiado. Afrento de pequeño reto pero sin velocidad la rueda delantera se clava en la arena y me tengo que bajar en mitad del río. Por no querer mojarme un poco llevaré calados calzado y calcetines el resto de la mañana y dentro: ¡mis pies!

Río Zapardiel en la Moraña, Cisla
Río Zapardiel en Cisla

En Cisla el río abraza al pueblo, en sus riberas algunos álamos y mimbreras, poco más. Cuando un carillón toca las dos encuentro una abrigada para almorzar descalzo. Mientras, el sol orea playeros y calcetines que ya están casi secos. Varias chimeneas humean entre el caserío y desde algún patio se oye sin entenderse una conversación alrededor de una barbacoa que inunda la plaza de aroma a churrasco.

El Zapardiel por la Moraña
Vados tentadores…¡pero traicioneros!

Recorro tierras del mudéjar y sus pueblos lo muestran con empeño. El ladrillo abunda y con el: sardineles, mochetas con molduras, dinteles, cornisas e impostas en voladizo, aleros en pico de gorrión, frontones… un interminable catálogo de sencillos elementos decorativos en los que es su propia sombra la que nos indica su presencia a veces inadvertida.

Siguiendo el río por la derecha encuentro lo que queda de la torre de Torralba sobre una alquería desvencijada. En la distancia un pastor se aleja voceando a sus perros para que saquen el rebaño del río donde abreva y mientras, del paramento de la torre que aún permanece, cientos de palomas y dos cigüeñas inician un alborotado vuelo evasivo.

Alquería de Torralba
Torralba

Abandono el solitario lugar y me acerco al río. De nuevo tengo que enfrentarme a su vadeo. El suelo parece mas firme y decido afrontarlo con decisión y potencia. Pero esto resulta también negativo. Lo paso del tirón desde luego, pero ambos pies entran en el agua y se vuelven a calar además las salpicaduras me llegan hasta la cintura. El sol ya no tiene fuerza y yo me resigno a llegar empapado hasta el coche con la esperanza de no pillar un resfriado.

Y más torres y torrejones

Sigo observando torres: en Mamblas en el cementerio y en la distancia las de Madrigal. A mi derecha las de los pueblos que visité por la mañana y en el horizonte las de Castellanos y San Esteban, ambos de Zapardiel, con sus viejas atalayas reconvertidas en campanarios

Cementerio de Mamblas
Mamblas

No me puedo entretener en buscar el torrejón de Palazuelos; con el calzado aún mojado aprieto y sigo. En contrapartida el valle del Zapardiel se muestra amplio y sereno, no tiene profundidad ni laderas y sin apenas arboleda la línea del Zapardiel apenas se aprecia. Entre los campos algunos pinarejos solitarios y siempre, en su horizonte, las torres de sus iglesias como si fueran sus únicos habitantes.

Valle del Zapardiel en la Moraña
Valle del Zapardiel

 

Llego a Castellanos. Allí, entre el río y el cementerio encuentro una vieja noria que aún mantiene sus mecanismos y su alberca entre un par de almendros en flor. Y sigo hasta San Esteban, una nueva y potente corriente de agua me sorprende. Llega entre jóvenes piñoneros y se embalsa junto al pueblo inundando los prados y arboledas para seguir a continuación hacia la provincia de Valladolid. Pregunto a una joven caballista que hace trotar a su montura blanca y me dice que ese agua llega de las Cogotas… desde hace un par de meses.

¿Aguas sobrantes?¿nuevos regadíos? Parece ser que se trata de llevar este agua algo más adelante, hasta el mismo Zapardiel que está siendo objeto de un plan de naturalización eliminando las motas que lo encauzaron antaño y así recuperar su cauce original. El sueño de Isabel la Católica de que por Medina pasaran las Aguas del Adaja por fin se cumple.

Agua del Adaja para el Zapardiel
El Adaja ayudando al Zapardiel

Yo ruedo ya raudo hasta el coche en Barromán. Las zapatillas no se han secado pero los calcetines, a la brisa del manillar, sí. Con ellos y una ayudita de la calefacción del coche regreso relajado.

Y aquí os dejo el track de la ruta por si alguien se anima. Recordar los vados.

 

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