Cuando el joven Pisuerga cruza sus montañas nos ofrece por su valle y alrededores algunos paisajes forestales que, aunque bien conocidos, no hay que dejar de visitar. Así, en esta excursión —más de descanso que de aventura— hemos realizado tres paseos a lugares emblemáticos de los alrededores de Cervera de Pisuerga que tienen que ver con árboles sorprendentes.
El Bosque fósil de Verdeña
Esta ruta, corta y asequible, parte del pintoresco pueblecito de Verdeña que nos recibe con la estampa de su iglesia románica con roble y cementerio perfilándose sobre un cerro. Tras atravesar el pueblo nos acerca entre un hermoso robledal a los restos de una mina de carbón a cielo abierto.
Esta ruta nos cuenta cosas de cuando no había Pisuerga, ni montañas, ni tan siquiera osos.
Sobre un gran muro desnudo se nos muestran infinidad de marcas y depresiones. Gracias a las explicaciones de la cartelería conocemos que se corresponden con los troncos y raíces de un bosque de sigillaria y cordiates que según nos cuentan fue derribado por una entrada súbita del mar en lo que debió ser una costa boscosa en el periodo carbonífero. ¡Hace más de 300 millones de años!
Una ruta que somete a tu imaginación a la dura prueba de comprender todo lo que ha pasado desde que estos parajes eran un bosque tropical hasta convertirse en la bucólica “montaña palentina” que ahora disfrutamos.
Al bajar de regreso un zorro se nos quedó mirando sorprendido junto al camino. Tras satisfacer su curiosidad unos segundos después corrió hacia la peña como alma que lleva el diablo. No somos demasiado populares entre los zorros, ¡claro está!
Roblón de Estalaya
“El Abuelo” como también es llamado el Roblón, es un viejo roble albar con suerte, ajado por el tiempo y también por alguna que otra fechoría, ha sobrevivido a convertirse en traviesa de ferrocarril o trabanca de galería. Ahora cuidado con mimo nos deleita con su corpulencia y personalidad mostrándonos con orgullo la nueva puesta de hojas tiernas, casi transparentes, que por su copa comienzan a aparecer.
También una ruta corta y sencilla, 4 km con algo más de desnivel que la anterior y perfectamente señalizada y explicada.
Además del abuelo Roblón encontramos en el camino otros buenos ejemplares sobre prados ahora tapizados de infinidad de florecillas.
De regreso encontramos una espléndidas vistas de Vañes junto al embalse de Requejada y del valle de Castillería con el perfil de la coqueta iglesia de Estalaya de fondo.
Hemos ido pendientes pero no avistamos ningún oso. ¡No sabemos si es mejor o peor!
Tejeda de Tosande
Esta ruta es algo más larga (10 km) y con algún tramo más complicado si no estás habituado. A cambio puedes disfrutar de un antiguo y bien conservado bosque de tejos en la ladera norte de Peña Cantoral. Nos cuentan que algunos son milenarios y ciertamente lo parecen.
La ruta parte de un aparcamiento acondicionado junto a la CL-626 en término de Dehesa de Montejo y está muy bien señalizada y explicada. Para llegar a la Tejeda primero disfrutas de un gran encinar, algo raro tan al norte; por supuesto abundantes robles y, a medida que subes, un impresionante hayedo salpicado de acebos por el que da gloria caminar con la luz tamizada entre las hojas tiernas. Cuando no hay bosque; en el valle hay prados, y en laderas y collados es el brezo el que se luce tapizando de violeta.
… y, por supuesto, los tejos
La tejeda se encuentra protegida por una senda de tablas que facilita el recorrido y protege los suelos casi desnudos aunque pocos se resisten a la tentación de acariciar a un tejo milenario. Árbol muy presente en leyendas y tradiciones. Árbol mítico y querido por su antigüedad y rareza.
Cuando llegamos al aparcamiento había más de 60 vehículos, es decir: en la ruta cada 100 m una familia, por aquí, desde luego, desistimos de vigilar a los osos.
Y además: Cervera de Pisuerga. Un lugar con encanto, agradable de pasear, tanto por la villa como por el río. Aquí si que vimos al oso, precisamente a la puerta de la Casa del Parque. Una visita interesante y muy bien atendida.