Se acerca el fin de año y hay que rematarlo. El Duero se encuentra sumido en una niebla impenetrable así que buscamos alternativas que nos lleven a la luz de invierno y si es posible al Sol.
Con esa idea nos trasladamos hasta Acera de la Vega. De la vega del Carrión y lindando con la provincia de León. Aquí el día es frio pero diáfano, el Sol luce y el viento no está, sin más preparamos las bicicletas y comenzamos nuestra andanza.

Subimos hasta el páramo y, por un bonito camino, ente robles que se resisten a dejar su hoja seca, vamos en busca de la Cañada Real Leonesa Oriental, donde linda con los pinares de Riocamba y por la que nos iremos acercando hasta San Pedro de Cansoles, cerca ya de Guardo.
La cañada por aquí es rectilínea y monótona. A cambio nos ofrece un firme sólido y seco que nos permite avanzar con facilidad a pesar de los barros y charcos que empapan los caminos adyacentes.

Los pinares son cerrados. De pino silvestre, alineados a cordel, quizás demasiado juntos; así pasan los kilómetros hasta que llegamos al delicioso paraje de la laguna de san Roque; una laguna natural de buena extensión, helada y henchida a la que da gusto admirar con el fondo nevado de la montaña palentina. A su alrededor, una preciosa explanada con robles, un oratorio sin campana y sin imagen a la que venerar, un refugio y un enorme abrevadero que se mantiene helado también.
Seguimos nuestro rodar cañada arriba. Pronto vemos destrozados los caminos y más adelante aparecen las causas. Enorme maquinaria forestal trabaja entre los pinares, sacan y amontonan troncos y pronto nos damos cuenta de que avanzamos por un paraje que ha cambiado. El verde se ha tornado negro tizón y todo está calcinado. Son las consecuencias del incendio de hace unos meses. Aquel incendio olvidado que ahora los leñadores tratan de borrar más si cabe, dejando los campos vacíos.

Nos desviamos hacia la izquierda buscando caminos decentes que nos lleven hasta San Pedro y a duras penas los vamos encontrando entre los bosques negros.
Y llegamos finalmente hasta la localidad, entramos junto a su diminuto cementerio y subimos la cuesta entre más árboles quemados. Junto a su oscura iglesia encontramos un bonita fuente de la que mana un hilillo de agua que verdea la salida hacia el arroyo, entre los tizones que antes fueron ramas.

El aspecto del lugar es poco halagüeño. A un pequeño pueblo ya casi abandonado se le han quemado veinte casas que ahora son solares y que discretamente claman por su reconstrucción. Las nubes han cubierto el cielo y el sol se nos esconde, aún así paramos a almorzar junto al local social del pueblo; allí hay un diminuto parque y un gracioso árbol de Navidad que nos muestra la voluntad de sus gentes por seguir y recuperar su lugar tan recóndito.
Dejamos San Pedro y buscamos una salida hacia el Carrión para emprender el regreso. El Sol ha desaparecido, el frío aprieta pero, menos mal, ¡seguimos sin viento!

Hemos asistido al desastre que rodeó el pueblo de San Pedro. Ahora nos topamos con cientos de hectáreas de campos solares, vallados, monótonos, alineados, metálicos y desérticos. ¿No es esto otro desastre?
Encontramos el ramal de la cañada que llega hasta Guardo y por el descendemos hasta que tornamos a la izquierda buscando el canal de Acera de la Vega y, junto a el, cruzando el Carrión, hasta Fresno del Río.

La tarde va cayendo y el Sol se nos ha escondido definitivamente. Tenemos que ir más rápido para entrar en calor y, junto al arroyo de los Molinos llegamos hasta Pinar del Río, otro pueblo ribereño que prudentemente se aleja del Carrión asentándose en la ladera. Visitamos el sorprendente obelisco con el que alguien, agradecido de amor, homenajeó a su amada esposa fallecida y que sin prisa le espera.
Pero hay que regresar. Ahora tomamos la carretera para volver hasta Acera de la Vega, junto a ella, ¡Oh sorpresa! Un enorme caño de agua surge de lo que parece un pozo artesiano. Nos acercamos a curiosear y no vemos nada de especial; pero vaya, las bicicletas y botas se llevan su buena ducha dejando allí una buena montonera de barro; seguro que el coche lo agradecerá.
Aquí dejamos el track... y al pobre peregrino al que no hubo oportunidad de evacuar.
