Podríamos decir de Cuesta Manvirgo que es “El” alto y solitario cerro testigo. Mira que hemos visto veces su inconfundible figura desde mil lugares pero nunca nos habíamos acercado. Hoy se trataba de eso: de acercarse y subir a este gran púlpito del valle del Duero y disfrutar vistas infinitas de nuestra meseta.

Mapa ruta Cuesta Manvirgo
Mapa ruta cuesta Manvirgo. Aquí el TRACK

Llegamos hasta la histórica y monumental Roa para iniciar nuestro paseo caminando. Antes se llamaba Roa de Duero; ahora solamente Roa aunque sigue siendo, inevitablemente, del Duero.

Guardaviñas en Roa de Duero
Cuesta Manvirgo, chozo y sarmientos

Cuando el río llega a Roa lame el pie de una pared sobre la que se asienta la población a cincuenta metros de altura, hermanándola con Zamora, con Toro y con Simáncas en aquellas tareas de centinela, de cuando había que hacer guardias. Tras comprar pan y visitar su imponente colegiata nos ponemos en camino saliendo de la villa por la única puerta que queda de su viejo recinto amurallado: la de San Juan, hacia el alto de Carraolmedillo. Estamos en febrero pero la temperatura es agradable y el día soleado. En el campo unos podan y otros recogen ya el sarmiento… para quemarlo después en el medio del camino, ¡lástima de chuletillas!

El Cerro

Frente a nosotros descuella Cuesta Manvirgo. Aunque no la dejamos de admirar desde que salimos de Roa, su figura se nos muestra imponente a medida que nos acercamos.

Guzmán
Guzmán desde Cuesta Manvirgo

Para poner un punto de emoción subimos al cerro campo a través entre carrasquillas y un latizal infestado de bolsones de procesionaria que ya han secado algunos pinos. Arriba encontramos un llano y pedregoso campo arado donde la brisa se siente fresca. Entre la piedra caliza abundan restos de cerámica. ¿Serán éstos de las tejas de aquel templo romano custodiado por vestales virginales que cuentan que aquí arriba hubo?

En el centro encontramos el vértice geodésico a 943 msnm y desde el borde, más allá de los campos ahora vacíos, se suceden los pequeños pueblos que se pueden divisar: Roa, Pedrosa, Anguix, La Horra… dicen que hasta diez aunque nos parecen pocos. Más hacia el horizonte: al Este El Urbión y al Sur Somosierra se distinguen con claridad; por el Norte y Oeste son los páramos de la Esgueva los que nos cierran la vista.

El Pueblo

Bajamos la cuesta hacia Quintanamanvirgo, el pueblo propietario de esta montaña. En la cuesta nos sobresalta el brinco de una liebre alocada que hemos debido de despertar y enseguida llegamos a su ruinoso barrio de bodegas que nos viene muy bien para reponer fuerzas. En los dinteles de algunas entradas aparecen grabados relieves y fechas del siglo XVIII  y sus lagares derrumbados nos muestran enormes piedras de contrapeso y husillos entre los escombros. Algunas sobrevivieron al convertirlas en merenderos pero, éstas, también dan síntomas de abandono.

Quintanamanvirgo, bodegas
Bodegas fantasmales en Quintanamanvirgo

En la localidad, que ahora forma parte de Pedrosa de Duero, vamos encontrando de todo: ermita, fuente, palomar, reloj en su casa vecinal…y hasta un bar abierto, ¡todo un lujo del que nos felicitamos!

Nos acercamos hasta su iglesia dedicada a S. Facundo y S. Primitivo, de elegante y trabajada espadaña y pórtico. La encontramos situada sobre un cerrillo desde el que se aprecia el vallejo del arroyo El Dujo que acompañaremos en su viaje hasta el Duero que a la vez pasa por Roa.

Espadaña de Quintanamanvirgo
Espadaña de la parroquia de Quintanamanvirgo
Y el Arroyo

El arroyo El Dujo también se lo conoce como Del Prado o de la Cilla. Baja desde las cercanías de Guzmán y llega directamente hasta el mismo Duero tras rodear la Manvirgo por el Oeste. Por el camino de los Ladrones, que baja junto a él, bajamos también nosotros contemplando un delicioso atardecer acompañados un buen trecho por unos cazadores que entrenan cariñosamente a media docena de inquietos perros.

Cazadores en Cuesta Manvirgo
Los perros son atletas y tienen que entrenar

El arroyo lleva agua escasa entre carrizos y espadañas dorados por el sol sobre los que revolotean pequeños bandos de gorriatos. El campo está animado, cuando se han alejado los perros salta otra liebre y en el cielo una pareja de águilas evoluciona con autoridad. Así la vuelta se nos hace corta y rápidamente nos plantamos junto a la Cruz de San Pelayo; en la entrada de Roa.

Nos acercamos hasta la llegada al Duero del arroyo. Un lugar salvaje donde antaño hubo un molino cuyos barros se van desmoronando. El lugar está concurrido de ríos pues aquí mismo llegan también el Gromejón, el Riaza y algunos otros arroyos menores.

Vista de Haza desde Roa
Haza y Roa se tutean. Ambas fueron cabeza de «villa y tierra». Al fondo Somosierra

Un pastor regresa de sus quehaceres con su rebaño junto al río y nosotros subimos de nuevo a Roa. Tomamos café entre mesas de mus y tute y paseamos por su Espolón. Cuando contemplamos el inmenso horizonte nos encuentra Paco o Paquito. -Como queráis llamarme, nos dice. Una persona enamorada de su pueblo que nos cuenta algunas cosas y nos recita esta adaptación (o quizás el original) del romance del Conde Fernán González:

Buen conde Fernán González,

el rey envía por vos,

…./….

El conde Fernán González,

a Roa de Duero llegó

y de la Cuesta Manvirgo,

a los moros arrojó

y la Ribera del Duero

valiente la conquistó.

Recomendamos subir también a la Manvirgo desde este enlace.

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