La verdad es que que el día invitaba más a quedarse en casa. Aun así, cogimos la bicicleta y nos acercamos a recorrer el curso del Arroyo de los Molinos; desde la paramera de Los Torozos donde nace, hasta el río Hornija donde muere después de recorrer 19 km.

Partimos de Velilla en medio de una niebla cerrada hacia el pozo de Valdesamar pasando por las viejas canteras de Berceruelo. Sin horizonte del que disfrutar nos conformarnos con algo de conversación para entretener el camino.

Arriba: el Arroyo de Juncos Gordos

El humilde arroyo por aquí lo llaman de los Juncos Gordos. Rezuma en una hondonada solitaria que poco a poco se convierte en prado y luego en espadañar formándose charcos intermitentes entre los carrizos. Observamos la silueta difuminada de viejos apriscos que aún se mantienen en pie y en el que reposan serenas algunas grajetas.

Durius Aquae: Pozo de Valdesamar en lo alto del páramo
Pozo de Valdesamar, las primeras aguas del arroyo

Nos entretenemos en el viejo pozo, en los apriscos y buscamos la fuente… un lugar concurrido sin duda en otros tiempos por lugareños y viajeros. Un sitio evocador que nos trae a la memoria hechos luctuosos que se vivieron junto al arroyo siglos atrás; como el que sucedió en 1841 a Juan Francisco Aparicio, un tratante de Almagro muerto a tiros de trabuco y tercerola por tres delincuentes para robarle, según cuenta la instrucción:

“una capa negra de paño casero de bozos de pana y sobre cuello largo; dos mantas de Peñaranda con jerga de cinco varas y media; unas alforjas de estopa gorda con tiras de orillo de paño en los brazales; una gurupa de caballo nueva con su hebillaje; los pantalones del difunto como de paño pardo con unas franjas blancas a los costados; una escopeta de pistón, calza bala, fábrica de Vitoria de media caja y mediano uso”.

Durius Aqaue: arroyo de los Molinos
Algunos árboles-fantasma junto al arroyo

Seguimos bajando junto al cauce, la niebla es tan cerrada que no hemos podido ver ni un solo aerogenerador de los muchos que nos rodean. Junto al cauce seco solamente vemos las siluetas indefinidas de algunos chopos desnudos y astillados.

Al borde de un camino nuevo aparece una cruz vieja. Es la Cruz del Pastor. Preguntamos al mismo arroyo qué es lo que sucedió aquí, allá por aquel verano de 1888. Nos cuenta que la cruz fue el regalo de una madre a su hijo: Domingo Aboín Otero, pastor al que encontraron degollado cuando pasaba la noche en su telera al parecer por venganza al denunciar el robo de unos corderos que ni siquiera eran suyos. Se juzgó a tres vecinos de Velliza que fueron condenados por estos hechos a 18 años de prisión.

El camino se ha ensanchado para dar paso a los vehículos de mantenimiento y transporte de las turbinas pero la cruz la han movido, colocándola de nuevo cuidadosamente sobre la cuneta.

Durius Aqaue: Cruz de Domingo Aboín
La Cruz del Pastor

Seguimos bajando el arroyo estremecidos por las atroces historias que vamos conociendo y llegamos al manantial de Juncos Gordos sin que encontremos rastro de agua en el cauce. El arroyo ha tallado un pequeño barco que apenas distinguimos y se encamina al encuentro con Berceruelo, un pequeño pueblo que se encuentra febrilmente adecentando sus calles y hasta lo que queda de su hermosa iglesia de San Juan Bautista. En la pequeña vega observamos que ahora sí: el arroyo baja con un hilo de agua.

Hacia el río Hornija

Tras visitar los caños de Berceruelo seguimos camino. Encontramos los restos de un molino con su cubo cegado y más adelante otro que, con más suerte, parece convertido en vivienda. Nos preguntamos porqué el nombre de Arroyo de los Molinos; ¿Por este par de molinos?¿Por qué en las canteras de Berceruelo tallaban piedras? O por ambas cosas. Lo preguntamos al llegar a Bercero y unos paisanos que nos remiten a una señora algo más mayor.

– ¿Arroyo de los Molinos? Nunca lo había oído hijo….

Durius Aquae: Berceruelo: espadaña de San Juan Bautista
Berceruelo: hermosa espadaña de cuencas vacías 

En Bercero nos acercamos a la hermosa fuente de La Trillona pero en esta ocasión nos decepciona. Aunque ofrece un escuálido caño en su pilón se acumulan numerosos carpines rojos y alguien ha puesto sobre el agua una alambrera quizás para que no sean devorados por los gatos. La superficie del agua, entre verdosa y amarilla está llena de pan podrido y el sencillo monumento ofrece un aspecto lamentable.

Durius Aquae: puente de piedra sobre el arroyo de los Molinos
Bercero: coqueto puente de piedra sobre el arroyo de los Molinos

Nosotros seguimos bajando, parece que la niebla se abre un poco y en la misma medida también el valle. Apenas hay árboles junto al arroyo, solamente zarzas en las que revolotean pequeños bandos de gorriones. Los Torozos desaparecen mostrándonos el ancho Campo de Villalar. Cuando cruzamos sobre la A-6 el arroyo aún lleva corriente, sin embargo en estos campos sometidos a la fuerte presión de los regadíos estas aguas desaparecen llegando el arroyo al río Hornija sin una gota que ofrecer.

Nos acercamos a su fin por la «Senda Ecológica» de la Batalla de Villalar hasta llegar al mediocre monumento en Puente El Fierro: un bonito puente de piedra sobre el regato vacío de nuestro arroyo.

Durius Aqaue: El arroyo llega al Hornija. Un mal campo de batalla...
El arroyo llega al Hornija. Un mal campo de batalla…

Preguntamos al arroyo si recuerda la batalla y que qué ocurrió. Nos contesta que aunque aquel día sus aguas, que las tenía y abundantes, se tiñeron de sangre no llegó a haber tal batalla sino demasiados errores y poca convicción para estar jugándose la vida. Nos sobrecogemos un poco con el relato de los cientos de muertos entre el barro y de la vergonzosa desbandada de las tropas comuneras perseguidas hasta Villaester.

Al llegar a Villalar, en el prado, unas esculturas de Lorenzo Duque nos ilustran los dramas que el arroyo nos va recordando

Seguimos con nuestra ruta… ¿Pero cuántos horrores ha contemplado este minúsculo arroyuelo?

Pues, sí. Hay más: Arenillas.

Tomamos camino de vuelta con la intención de dejar el arroyo y trepar de nuevo el Torozo para regresar a Velilla. Al cruzar de nuevo la A-6 atisbamos entre la niebla de nuevo los montes y nos aparece: «Un paraje llano, sumamente agradable al pie de una cuesta que se eleva en la parte Sur. Su cielo es hermoso y despejado y su clima sano». Excepto en lo “despejado del cielo” en todo tiene razón Pascual Madoz al describir el pago donde se encontraba Arenillas, uno de los pueblos desaparecidos en Valladolid. Miramos hacia el arroyo y nos dice que sí, que hay más violencia que contar. Que aquí hubo un pueblo que no pudo soportar el terror, saqueo y vejaciones del paso de los gabachos y que cuando quemaron sus casas tomaron la desesperada decisión de abandonar el lugar instalándose en los arrabales de Bercero.

Durius Aquae: Arenillas
Justo aquí falta un pueblo: Arenillas

Tanta violencia y sinrazón acaecida en estos campos. Desastres de la guerra y en la paz. Subimos despacio la cuesta de Valdevasejo algo deprimidos por el viaje de hoy. Un viaje más bien a través de momentos cruentos ya que el físico espacio campestre esta vez apenas lo hemos visto.

Cuando llegamos arriba abre un poco la tarde y vemos el Carrecastro iluminado frente a Velilla… ¡vaya! También coronado de molinillos.

Durius Aquae: ermita en Velilla
Muy al final, en Velilla… «tarde de paseo»

 

Para el que le interese el track de esta ruta, AQUÍ lo tiene de Wikiloc. Unos 50 km

 

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