Montamos en nuestras bicicletas cuando la escarcha se diluye. Recorremos La Rasa entretenidos entre los despojos de su pasado ferroviario abatido por la moderna industria agroalimentaria y salimos de la localidad de los manzanos entre hermosas encinas hacia el Este. Había que llegar hasta el puente de la vía de Ariza para cruzar el Ucero.

Llegamos al puente abandonado sobre un río que baja desbocado a doblar el caudal del Duero. Sin apenas chapas laterales, con las recias traviesas de roble amusgadas y resbaladizas y con la burra a cuestas, conseguimos cruzar a duras penas y con cierto peligro el largo puente*.

OSMA, PUENTE DE HIERRO SOBRE EL UCERO
Puente abandonado de la vieja línea de Ariza sobre el rio Ucero (foto de Federico)

Ya relajados dejamos la vía, pasamos junto a  las tainas de Bárdalo y tomamos el camino del Cid; a nuestra derecha el Duero entre el encinar; a la izquierda la atalaya de El Enebral parece que acecha nuestro paso. Y al fondo, a contraluz, se vislumbra ya el perfil oscuro e intimidante de la gran fortaleza de Gormaz.

Encina en el Enebral. Soria
Vieja encina en los campos de Soria. Al fondo la atalaya de El Enebral

El sol de invierno se había impuesto cuando llegamos a la fuente de La Maya, repostamos en su caño y rodeamos la fortaleza por el Norte hasta llegar a las viejas bodegas del pequeño pueblo de Gormaz. La fortaleza, ahora iluminada, se nos mostraba impresionante.

Había que tomar el castillo —quiero decir “visitar”— y nos enfrentamos a una cuesta muy entretenida: primero el coqueto Gormaz, su palomar y su extraño cementerio entre los muros de una vieja iglesia; más arriba, la ermita de San Miguel que se encuentra en obras y, por fin, erguida sobre nuestras cabezas, se muestra la majestuosa puerta califal que nos da su bienvenida.

Gormaz, desde las bodegas
Gormaz: bodegas y fortaleza

La fortaleza es extraordinaria en si misma: enorme, robusta y bien asentada sobre la meseta calcárea de un alargado cerro testigo que lo domina todo. Y así nos quedamos, extasiados entre sus viejos torreones y lienzos desdentados divisando paisajes claros e infinitos entre los que discurre el Duero sereno.

Muro Sur de la fortaleza de Gormaz, el Duero al fondo
Muralla Sur del castillo de Gormaz sobre la costra caliza del cerro. El Duero se divisa al fondo

Recorremos el gran espacio interior en bicicleta como lo hubieron de hacer a caballo los miles de soldados que allí sirvieron. Nos colamos entre sus corredores, recorremos su adarve y nos asomamos a las poternas. Algunos mechinales aún conservan la eterna madera de sabina de sus vigas y un césped verde, corto y delicioso cubre la superficie de estas evocadoras ruinas medievales.

Finalmente la foto de recuerdo obligada frente a la puerta de herradura por la que pasaron Almanzor y el Cid hace mil años con el rio Duero lamiendo el cerro.

Con pesar dejamos los entresijos de la disputada fortaleza si bien, ésta, no dejaría de vigilarnos durante el resto de la ruta.

Una de las charcas de Fuentes Grandes
Fortaleza de Gormaz desde fuentes Grandes

Ya cuesta abajo, entre cuevas y derrumbes, en un momento llegamos hasta los manantiales de Fuentes Grandes, en término de Quintanas de Gormaz. Entre una arboleda de chopos, plátanos y enebros aparecen  varias surgencias de las que mana el agua a borbotones formando grandes charcas cristalinas, cascadas y arroyuelos que en un segundo vierten en el Duero entre los carrizos. Son las aguas del acuífero de Gormaz que emerge de forma natural incluso bajo el rio. Un acuífero sin explotar ¡Ojalá que nos dure!

Gormaz, Soria
El Duero bajo el puente viejo de Gormaz

Seguimos nuestro camino y cruzamos el raudal por el viejo puente de Gormaz. Viejo y también abandonado, comido por la vegetación cruza también el caz de un antiguo molino hoy pequeña central. Sobre sus pretiles nos ofrece algunas muestras de que debió de estar fortificado. Esto no es de extrañar estando al pie del gran castillo que ahora se nos presenta iluminado en lo alto del cerro calcáreo por un sol radiante.

Rio Duero y Gormaz
Rio Duero en Gormaz

Entre los ojos desgastados del puente el Duero baja abundante y limpio. La lluvias recientes se dejan notar y ríos, arroyos y manantiales le rinden homenaje en forma de pequeños torrentes. Hemos visto el Ucero y después veremos el Caracena. Pero Duero arriba, en muy pocos kilómetros ya le han servido el Andaluz, el Bayubas, El Talegones, el Izana, el Escalote y decenas de arroyos que, aunque habitualmente cansados, hoy aportan su tributo generoso.

Dejamos de momento el Duero, miramos a la Fortaleza y seguimos camino por las amplias tierras sorianas.

* ¡Ojo! El paso sobre este puente entraña cierto peligro y vértigo se recomienda tomar otra alternativa.

Aquí la ruta de wikiloc

Sigue en la entrada siguiente …/…

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