Había preparado una ruta para circundar el embalse de Santa Teresa pero esta vez el coche me gastó una pequeña broma y paré en Alaejos. Como la bici estaba en el maletero, el bocadillo en la mochila y había que dejar enfriar el motor me puse a rodar allí mismo improvisando el paseo; creo que le di tiempo suficiente al vehículo para recuperarse.

Partí sin un rumbo muy claro y como de camino había observado la ermita de la Virgen de la Casita sobre un pequeño teso me acerqué a ella para contemplarla. La mañana se presentaba fresquita, soleada y con la atmósfera limpia y clara. Un día de otoño de agradable manga corta.

Iglesia de San Pedro en Alaejos
Alaejos, San Pedro

Desde el cerro nos hacemos idea de dónde nos encontramos, tierras suavemente onduladas, sin árboles y sin aguas. Tierras monótonas de no ser por su permanente horizonte mudéjar con las elegantes torres de Alaejos clavadas en el cielo.

Lleno el bote en la fuente y tomo rumbo hacia el río Trabancos. Los tractores laborean en el campo y el camino está impregnado de un suave olor a patatas recién sacadas de la tierra húmeda. Me cruzo con un ciclista que lleva tres galgos de la correa. Se le ve esforzado, tratando de llevar un ritmo que fuerce a los canes pero a estos se los ve sobrados, casi van al paso y parecen flotar sobre el camino.

Casa de Castrillo de la Guareña
Castrillo de la Guareña, casa de ladrillo. Una constante en la ruta

Enseguida llego al lecho vacío del Trabancos con la vista, al fondo, del viejo Torrejón de la Nava que después de tantos siglos aún conserva un dintel sobre sus muros de calicanto. Ruedo por el río entre arenas secas, un tramo bonito con chopos, álamos, sauces y escobas hasta que me canso y busco los caminos que me llevarán hacia Torrecilla de la Orden.

Cruzo infinitos campos horizontales recién levantados por las labores oportunas gracias a las lluvias recientes, también algunas viñas bien vendimiadas y rematadas por los tordos. Ahora mis referencias siguen siendo las torres de Alaejos y la de Torrecilla que se viene acercando.

Torrecilla de la Orden, un pueblo también de La Guareña
Torrecilla de la Orden

Junto al pueblo una enorme manada de vacas pasta apaciblemente los brotes de otoño y yo, campo a través me acerco a la ermita de la Virgen del Carmen y desde allí a Torrecilla de la Orden sin que me encuentre con nadie en sus calles.

Quiero acercarme al río Guareña y para ello pongo rumbo a Tarazona de Guareña, entro en una esquina de Salamanca y encuentro un pueblo animado, con más árboles y menos mudéjar. Su sencilla iglesia me muestra una elegante portada plateresca de piedra arenisca algo desgastada. Por desgracia, cuando doy la vuelta al templo, encuentro que el muro del evangelio se encuentra apuntalado por unas poderosas escuadras de acero.

Tarazona de Guareña portada gótica de su iglesia
Tarazona de Guareña. Iglesia de San Miguel Arcángel

Desde allí tomo el camino de Olmo y cuesta abajo llego al arroyo Mazores que, para variar, baja seco. Al poco el vergel del río Guareña esconde otro cauce lleno de carrizo y algo de humedad, incluso aparecen algunos charcos. También una vieja noria sobre un pozo; aguas extraídas con sangre; el río ni se inmutaba. Ahora potentes pívots jalonan nuestro recorrido sacando el agua de las entrañas del campo.

Olmo de la Guareña, en Zamora
Vado sobre el Guareña, al fondo Olmo de la Guareña, en Zamora

Recorro el pueblo alargado de Olmo de Guareña, en Zamora, y en un banco junto al frontón almuerzo mientras repaso la ruta, seguiré junto al río, por este lado que no hay toros bravos. Observo en el mapa un pequeño monte en los confines de la provincia de Valladolid: El Monte Cano. ¡Vamos allá!

Tras rodar agradablemente junto al río me desvío a la izquierda, ahora toca subir. Al fondo, sobre el monte se aprecia un encinar, es el Monte Cano y junto a el: La Huesa. Montes de Torrecilla de la Orden rayando con Zamora. El montecillo es pequeño, acogedor, limpio. Y lo más sorprendente: conserva un buen número de alcornoques entre las encinas. Arboles raros en las cercanías del Duero, pero de buen porte y sano aspecto. Nadie les quita la corcha desde hace años y aparecen con su corteza regordeta y reventona de formas imposibles.

Alcornoque en el Monte Cano, Torrecilla de la Orden
¡Pedazo de alcornoque!

Ahora subo hasta La Huesa y desde allí contemplo todo el valle asimétrico del Guareña hasta los mismos cantiles de Toro, junto al Duero.

Desde allí torno hacia Castrillo de Guareña —de nuevo en Zamora—, cruzo el río y al poco remonto el zócalo de Alaejos entre giganteas humilladas por su enorme peso cebadas con los riegos. Cruzo la autovía y llego entre algunas viñas hasta donde el arroyo de la Reguera podría nacer si naciera. Siguiendo su curso vacío encuentro los restos de la ermita de Santa Ana y después el arca Madre y sus secundarias que alimentaban la memorable fuente del Caño.

Alaejos, La Reguera y el Arca Madre
El Arca Madre, Alaejos

Regreso a Alaejos con 82 kilómetros entre rueda y rueda. Espero que el coche esté frio.

Y aquí la ruta de wikiloc.
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One thought on “La Guareña, reseca esquina de tres provincias

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