Ya estuvimos caminando por estos paisajes hace quince años y aún nos quedaba el recuerdo del agua. Ahora hemos querido revivir esos recuerdos realizando la ruta desde Sotillo de Sanabria hasta su Laguna por el valle alto del río Truchas, visitando también su conocida cascada.

El día es tan bueno que hasta encontramos gentes tomando el sol junto al enorme castaño que sirve de potente señal para el comienzo y fin de ruta. Tras saludarlas comenzamos a trepar y pronto se nos hace patente que estamos en un mundo de agua. A cada recoveco cruza un arroyuelo, una charca o un caño que resbala por el camino; vamos pisando agua y cómo se agradece el “goretex” de las botas.

Castaño de Sotillo de Sanabria
¿Quién se resiste a una foto junto al castaño de Sotillo de Sanabria? (foto Almu)
Hacia la laguna de Sotillo

La senda se va empinando entre una carvalleda que se toma su tiempo para vestirse. Al poco escuchamos el estruendo lejano de la cascada del Pingón y enseguida podemos observar su espuma desde una peña. Ese será, más tarde, nuestro camino de vuelta.

La ruta, aún subiendo, sigue con cierta comodidad. Seguimos cruzando arroyos, poniendo a prueba nuestros reflejos y equilibrio; pisando pedruscos o bien céspedes empapados y tratando de buscar ayuda en el bastón. Aún así, alguna vez llega el agua al calcetín.

Aguas por doquier
Complicado y divertido paraíso de agua

Seguimos por un sorprendente camino a media ladera. Tiene un desmonte perfecto y su firme está compuesto de grandes piedras a modo de calzada. Aunque la vegetación lo va comiendo se aprecia la importancia que debió tener para las gentes del lugar en sus idas y venidas con el ganado además de comunicar Sotillo con Ribadelago.

En las últimas cuestas encontramos restos de viejos corrales y cabañas arruinadas; construidos con grandes piedras que ya perdieron sus techumbres de paja. Dura y solitaria tuvo que ser antaño la vida por estos parajes.

Desagüe de la Laguna de Sotillo de Sanabria
Desagüe artificial de la Laguna de Sotillo de Sanabria

Seguimos cruzando prados encharcados y … subiendo. Poco a poco llegamos a los circos y descrestamos por el Alto de los Fitos. El cielo ha sido generoso y ha puesto un tenue velo de nubes que nos ha protegido del sol durante el ascenso.

Arriba, en el circo, la arboleda casi desaparece y se nos muestra una laguna glaciar recrecida por una pequeña presa. Su aliviadero lateral alimenta de un buen caudal al arroyo Pingón que allí mismo comienza su curso en brusco descenso.

Puente de abedul en Sotillo de Sanabria
Puente de abedul sobre el arroyo Pingón

Un descenso que iniciamos nosotros también de forma confortable por un sendero jalonado de brezos y escobas que nos permite contemplar un paisaje de cascadas en las empinadas laderas a nuestro alrededor. Nosotros seguimos atravesando arroyos y el Pingón se muestra calmado en los prados, salvaje en la cascada y siempre exuberante.

La Cascada de Sotillo o…”El Pingón”

Al fin la senda nos llevó hasta el pie de la cascada en una endiablada bajada. El agua salta unos 30 metros para dibujar par de espumosas colas de caballo que bajo nosotros siguen su vertiginoso avance. El sonido continuo y ensordecedor alborota el entorno empujandonos a iniciar el complicado descenso hacia el arroyo Truchas.

Cascada del Pingón
Salvaje cascada de Sotillo de Sanabria: El Pingón

Tras la bajada entre robles, abedules y algún avellano llegamos al lecho del río por el que caminamos de nuevo entre aguas que lo llenan todo. Y ¡vaya! Nos parece que encontramos el lugar donde hace quince años nos hicimos la foto. Tratamos de repetirla pero… ¡vaya!… ha pasado el tiempo.

La vuelta se va tornando sumamente agradable a medida que las rocas casi desaparecen. Ahora solamente pendientes del agua, agua que rebosa por doquier.

Cansados llegamos de nuevo a Sotillo de Sanabria pero con la sorpresa de encontrar el bar La Escuela abierto y… concurrido hasta el punto de que incluso se jugaba al tute. Allí charlamos un rato con Tránsito del agua, del ganado y del pueblo, mientras tomamos una cerveza con unas palomitas con las que nos ha obsequiado. Ella nos aclara que la cascada de Sotillo, en el lugar siempre ha sido conocida como «El Pingón». Resulta además que el ahora bar, donde nos encontramos, fue la escuela del pueblo y ella misma se instruyó en ella junto a otros setenta niños… ¡qué tiempos!

Y ahora dejamos este bello paisaje de agua. A casa, y ya sin parar. Nos acabamos de enterar de que se prevé un confinamiento debido al puñetero COVID 19. Presiento una buena temporada repasando el archivo de viejas rutas y perdiéndonos el reventar de la primavera que se acerca.

Para el que esté interesado en hacer esta ruta le proponemos estas indicaciones tan precisas y trabajadas que nos da mazaira desde wikiloc.

 

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One thought on “Las Aguas de Sanabria: Una ruta por Sotillo

  1. El relato me llena de envidia sana y ganas de vivirlo y poder sentir eso que se siente con los ojos cerrados..un mundo de sensaciones donde los seis sentidos estan mas que vivos

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