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Habíamos dejado nuestro viaje en moto remontando el puerto del Mojón de la Lastra, entre Recuerda y Retortillo de Soria. La carretera perfecta con un agradable revirado, pero lo mejor era que frecuentemente el cielo se nublaba aliviándome el sofoco de las cuatro de la tarde. Abandonaba las Tierras de Ayllón para entrar en las inmensas anchuras del valle del Duero.

Durius Aquae: Impresionantes el Duero y Gormáz
Impresionantes el Duero y Gormaz
El gran castillo califal

El espectáculo cuando aparece el castillo de Gormaz en el horizonte es sobrecogedor, misterioso, inmenso…Sobre un poderoso cerro se levanta la fortaleza sin que nada a su alrededor sea capaz de darlo sombra. Las tierras ahora son pardas y el río apenas lleva ribera.

Durius Aquae: No todo es rodar, también un <em>selfie</em>
No todo es rodar, también un selfie con naranja

Subo hasta el cerro tras refrescarme con una naranja. Paseo entre las tremendas murallas solitarias y evocadoras. Por las aberturas de los muros aparecen dibujados los campos y no es difícil imaginar a cides pertrechados luchando recurrentemente por su posesión hasta que la historia lo dejó lejos de la frontera.

Desde aquí, el cruel Almanzor debió planear algunas de sus aceifas que dejaron a las indefensas aldeas cristianas regadas de sangre y dolor.

¿Cómo es que un individuo de tal catadura tiene dedicado el pico más alto de del Sistema Central ? Quizás algún político justiciero haga algo para cambiar esto.

Ribera Soriana

Dejo la metafísica y vuelvo a la moto. Emprendo el regreso recorriendo la ribera Soriana: La Rasa, donde visito los selváticos restos del ferrocarril de Ariza, San Esteban de Gormaz con el Duero paseando entre sus calles y Langa de Duero donde el espectáculo lo ponen los caprichos creados por la erosión en sus peñascos. Aquí tomo un café con hielo acompañado de moscas y del eco de cuarentas y órdagos apasionados.

Durius Aquae: Caprichos geológicos en Langa de Duero
Caprichos geológicos en Langa de Duero

Tomo de nuevo un pequeño tramo de la N-122. Las pelusas de los chopos me quieren engañar; parece que nieva pero el termómetro de bitácora marca aún 29 grados.

Roa, otra villa sobre el Duero

En Aranda me desvío hacia Roa donde me doy el último paseo de la jornada. Hay gente en los bares y terrazas —parece que juega España— pero también la hay por el bonito paseo del Espolón que se asoma al cantíl sobre el Duero en un atardecer en el que Haza, de nuevo en el horizonte lejano, resplandece y asombra al mismo busto del cardenal Cisneros que mira con fijeza.

Durius Aquae: el pastor de Roa
El pastor de Roa

Dicen que los hebreos no mataron a Jesucristo; que fueron los romanos. Tampoco los raudenses mataron a Juan Martín Díaz como alguna leyenda cuenta, sino que fue el Borbón en uno de los hechos más infames de nuestra historia.

Ahora por el viejo puente cruza cansino un rebaño de churras andarinas que llega del polvo y las moscas. Es hora de recogerse —me dice el sudoroso pastor—, los vehículos aguardan con paciencia y el ganado toma la empinada ladera arrebañando cardos y amarillas. Pero un pastor nunca termina, con los abundantes pastos disponibles es probable que aún haya que ordeñar.

Durius Aquae: atardecer en Laguna de Duero
Atardecer en Laguna de Duero

Regreso por páramos hacia Encinas.  El cerro Manvirgo sobresale dominante entre viñedos con rosales. Yo ruedo solitario hasta caer a los valles de Esgueva y Jaramiel, llegar a Tudela y finalizar en Laguna cuando el sol cae entre nubes eléctricas que amenazan tormenta.

Atrás las murallas de Gormaz y ante mi,  una moto llena de mosquitos aplastados.

 

Durius Aquae: castillo califal
El castillo califal

 

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