Hoy remontamos el Duero hasta más allá de Soria. Nos allegamos hasta su Almenar y allí comenzamos una ruta solitaria entre los deshabitados confines de la cuenca. Entre estepas y paisajes que tanto han inspirado a poetas y que lo seguirían haciendo si tuvieran la ocasión de volver.

Sí, comenzamos en Almenar de Soria en una mañana gris y tristona. Como hace fresco comenzamos a rodar de inmediato hacia la Gómara que da nombre a estos campos del Duero amplios, desnudos y casi vacíos.
Para ello cruzamos el río Rituerto que apenas lleva un hilo de agua. Recorremos después un tramo de la antigua vía de ferrocarril que desde levante llegaba hasta el Cantábrico y hoy transformada en monótona vía verde.

Y nos acercamos hasta un pueblo fantasma: Albocabe. Nos colamos entre las miserables ruinas que aún perfilan el pueblo. Ahí queda su fuente, sus casas y corrales y su torre, junto a un viejo cementerio que nació cuando la iglesia colapsó y de la que aún queda una capilla a punto de hacerlo.
Todo sumido en el abandono; mientras crecen los barros de sus adobes y mengua su estatura.

Nos sobreponemos a este primer golpe de soledad recorriendo campos y cuestas hasta llegar a Gómara, su capital. Hacemos un alto en su ermita de la Virgen de la Fuente y después paseamos el pueblo pequeño que será el más grande que visitemos hoy. Pasamos después por Abión y Zárabes para dirigirnos a Almazul y al menos disfrutar de la alegría de su fuente de nueve caños aunque sus aguas vayan ya hacia el Jalón.
Pueblos todos heridos, sin ilusión. Resignados a su incierto devenir.

Desde allí nos enfrentamos a la sierra de Corija. Había que atravesarla y no elegimos el mejor camino. El paseo era hermoso, pero a medida que nos adentramos en la ladera el firme se pierde, el camino desaparece entre un suelo de piedra suelta, imposible de rodar. Echamos pie a tierra y con paciencia subimos hasta la cuerda. A nuestra derecha, no muy lejos, vemos un estupendo camino por el que hubiéramos subido en volandas. Vaya, ¡otra vez será!

La vista es un espectáculo, ante nosotros se abre un vacío inmenso en el que apenas se distinguen varios pueblos por ser del mismo color del barro de los campos y, al fondo, el mismo Moncayo que ejerce de hito mas oriental de la inmensa cuenca del Duero.
Bajamos con cuidado, la ladera del este también es un pedregal calizo. Finalmente podemos montar y descendemos hasta otro pueblo que sigue el camino de Albocabe. Se trata de Sauquillo de Alcázar. aquí entre las ruinas aún parece que hay quienes lo habitan con la dura resignación de vivir entre escombros.

Seguimos hasta Torrubia de Soria. Junto a su fuente descansamos y nos reponemos.
Después nos colamos de vuelta entre Portillo de Soria, el portillo por donde pasaba el ferrocarril que llegaba desde Calatayud, en el que alguna vez llegué a montar y que ahora es una vía ciclista algo perdida.

Por ella nos acercamos a Buberos. Un par de chuchos nos saludan curiosos y asombrados en su mente perruna. Solamente ellos rompen la soledad mientras hacemos alguna foto a su iglesia de Santa María Magdalena.
A la vista tenemos Almenar de Soria, de donde partimos hace unas horas y ahora regresamos; cuesta abajo y con el viento de cola es un momento. Nos entretenemos entre su castillo, y visitamos a la Virgen de la Llana. Por último hasta la plaza donde comenzó y acabó esta excursión. Decía al comienzo: una ruta solitaria por tierras deshabitadas. No lo fue tanto. Al final, en la distancia pudimos ver a un pastor… en toda la jornada. Quizás fue buena suerte…
Cuando subimos hasta arriba del Moncayo avistamos también un pastor, ¡ojalá que no sea el mismo!

Aquí os dejo el track. Hoy han caído 65 km. ¡qué bien se duerme después de estos kilómetros!