Ruta y Track,(63 km) aquí en wikiloc
En pleno verano nos acercamos a Ledesma, sin prisa, sin madrugón como suele ser habitual cuando el viaje supone algún tiempo significativo.
Al llegar el sol apretaba bien. Preparamos las bicicletas y callejeamos por la monumental localidad en busca de pan y agua como solemos hacer. Una vez pertrechados comenzamos el camino haciendo ya las primeras fotos a sus hermosos puentes sobre el Tormes bajo unos cielos casi desnudos.

Comenzamos la ruta por una antigua calzada; un camino rocoso, sinuoso y jalonado de viejisimas encinas. Tras bajar la cuesta hacia el arroyo Rivera de Cañedo nos encontramos con el primer hito de la ruta: el Puente Mocho.
El paraje es magnífico y el distinguido arroyo del Tormes, aún siendo julio, lleva algo de agua. Lo cruza un hermoso puente de piedra, alomado y con cinco arcos cuya construcción se pierde en los tiempos; aquellos tiempos en que estas comarcas, pobladas y dinámicas, hacían necesarias estas infraestructuras. Para los que amamos estas tierras cruzar el puente de Brooklyn —por ejemplo— no nos causa tanta emoción.

Hacia Moraleja de Sayago
Dejamos de momento el valle del arroyo Rivera de Cañedo y seguimos por el camino, ahora ya rústico y asilvestrado. Tomamos la dirección hasta el pueblo zamorano de Moraleja de Sayago comenzando aquí lo que sería ya habitual durante el resto de la jornada y esto era el constante paso de cancelas para el ganado que cortaban los caminos con la sensación de no saber si estabas “dentro” o “fuera”.

Así llegamos a Moraleja de Sayago, en la plaza, junto a su iglesia del Salvador y ayuntamiento de elegante reloj cosmopolita tomamos la primera caña con limón pensando en los caprichos de las fronteras creadas por los hombres como orines leoninos que marcan su poder. Sayago y Tierras de Ledesma. Castilla y León. España, Portugal… Todas estas rayas imaginarias cambiarán antes de que nuestro Duero se mueva unos metros.
Visitamos algunas de sus fuentes abovedadas, de tipo romano. Bien construidas con granito siguen ofreciendo su agua con lentejuelas.
Por el castillo del Asmesnal
Seguimos cruzando portillos, entre vacadas y piaras. La dehesa por aquí se abre dejando entrever bien amplios pastizales, ahora pajizos. Encontramos los arroyos trabajados para generar lo que parecen rosarios de charcas que retienen la humedad y permiten abrevar al ganado en estos meses más secos.

En el horizonte los aerogeneradores de Teso Santo giran desacompasados. Queremos llegar a Santiz pero antes encontramos los restos del Castillo de Asmesnal derrumbado armoniosamente con su paisaje. Una fortaleza misteriosa que guarda en secreto sus viejas batallas.
Un alcornoque en Santiz
En Santiz entró el apetito y en la acogedora fuente del Tejar encontramos el lugar propicio para destapar la fiambrera. Tras un breve reposo nos dirigimos en busca del gran alcornoque norteño: el Alcornoque gordo de la Calahorra del que bien puede presumir esta localidad. Es viejo, como casi todo en la meseta, está cansado y necesita de apoyos pero sigue brotando y dando frutos. Sus cayados de hormigón alargan la vida de su enorme tronco vacío al que se le otorgan más de seiscientos años.

El regreso a la dehesa
De regreso tomamos primero el camino de Valdelosa para después girar hacia el sur y dirigirnos hacia Palacios del Arzobispo… ¡de Santiago de Compostela! No podemos evitar probar las moras maduras de su árbol en la plaza, tan exquisitas que bien merece la pena mancharse las manos de púrpura para el resto del viaje.
Nos sorprenden algunos caminos entre pinares que parecen autopistas hasta que nos damos cuenta de están instalando nuevos aerogeneradores… ¡ya ni se notan!
Desde aquí, en la altura, dominamos los vallejos de los arroyos que recoge el Rivera de Cañedo y nuestra vista se pierde en el horizonte. Nos espera un regreso caluroso pero.. eso sí, ¡en descenso!

Los kilómetros se van acumulando y el calor es intenso. Tampoco el ganado lo pasa bien; se disputan las sombras cuando las hay y cuando no, las ovejas se apiñan inmóviles colocando sus cabezas bajo el vientre de sus vecinas.
Y en Añover salimos con manos púrpuras…
Llegamos hasta Añover de Tormes, aunque este río pase lejano. En la pared de su frontón nuevo un enorme mural con una colorida encina nos aporta la imagen destacada de esta entrada. «Por más alto que llegues, nunca olvides tus raíces» reza el lema imposible.

Llegamos de nuevo entre pastos y dehesas más cerradas hasta el Rivera de Cañedo. Un riachuelo de 66 km que brota en el Sayago y recorre las tierras de Ledesma recogiendo sus aguas a la vez que dibuja una gran curva de ballesta como su Duero, al que llegará a través del Tormes ya embalsado en la Almendra.
Tras pasar un par de cancelas más conseguimos alcanzar la antigua Cañada de las Negras que desde Ledesma llegaba a Tordesillas y que en la actualidad es una pequeña maravilla para la bicicleta.

De nuevo en Ledesma y un último paseo. Esta vez hasta el irresistible Tormes que nos invita a un baño al pie de un viejo molino arruinado. Ahora sí, ya frescos y renovados era el momento de la cervecita doble con limón en una de las terrazas del pueblo recordando los detalles de una ruta tan bien surtida.

La nrración entre histórica, topográfica y to ponimica, además de poética, es INMEJORABLE.
Yo que soy de esta tierra debo reconocer que es una ruta fantástica, para disfrutarla a tope
Dos apreciaciones: la morera de la que se habla está en Palacios del Arzobispo; desde Añover a Ledesma por la Cañada de trashumancia se puede hacer sin abrir ni cerrar fincas si te diriges por el camino que sale desde el frontón (la encina pintada en el muro es una obra de arte de alegría y serenidad) y que desemboca en dicha Cañada
Preciosa ruta!!!!
Gracias Sierro, tomo nota y lo corrijo (a veces nos pasamos los pueblos de dos en dos). En cuanto a las cancelas, bueno no conocíamos perfectamente el terreno y algo hubo que improvisar pero seguro que es como nos cuentas. Saludos
Que bonito escribe! Me hace imaginar las travesías! Hasta dan ganas de ir a todos los lugares que describe! Saludos
Muchas gracias Queta, no creas que palabras como las tuyas animan lo suyo… Saludos