En esta ocasión abandonamos la llanura mesetaria para acercarnos a caminar por los valles del alto Omaña, en plena montaña leonesa. En coche nos dirigimos a los confines de la cuenca del Duero para darnos un paseo de 19 km y algo más de 800 de desnivel acumulado, ¡no está mal!. Aquí podéis encontrar mas fotos y el track

Mapa de la ruta con apoyo de Wikiloc

El río Omaña surge de entre las faldas del Tambarón, un buen picacho de 2100 m. Tras crear una comarca —Las Omañas— y recorrer salvaje un precioso valle lleno de prados, su une con su río hermano el Luna. Una vez reunidos ambos, dan origen al truchero Órbigo.

 

Ascensión hasta el collado

Comenzamos esta conocida ruta en Murías de Paredes, justo en la panadería. La inusual meteorología para mediados de octubre hizo que hiciéramos todo el recorrido con manga corta y sin atisbar una sola nube. Tras recorrer el pueblo bajamos hacia Montrondo. En ambas localidades nos dimos un buen baño de arquitectura tradicional; fuentes, un pequeño molino y puentes, además de sus caseríos nos hicieron por un momento olvidar nuestros cercanos adobes y ladrillos para recrearnos en las rotundas texturas que genera la oscura piedra silícea.

Durius Aquae: Montrondo
Montrondo

Una vez cruzado el río por un puente, probablemente medieval, comenzamos la suave pero constante y machacona ascensión por el valle rodeando las laderas del Cueto. Los numerosos arroyos y fuentes animaban el camino si bien el agua era la justa, en realidad, ni siquiera eso. El blanco abedular de Montrondo a nuestra izquierda tamizaba agradablemente el sol entre sus ya débiles hojas amarillas.

Durius Aquae : Abedular de Montrondo
Abedular de Montrondo

Así llegamos a la ladera del Tambarón y cruzamos el Omaña incipiente, algo realmente fácil debido al mínimo caudal. A partir de aquí y tras dar cuenta del bocadillo a la sombra de unos piornos comenzamos, entre trochas de ganado y con las fuerzas justas, la última ascensión hacia el collado de las Negreros (1767) — techo de esta ruta —.

Entre las atracciones de las que se precia esta caminata aparecen abundantes avistamientos de jabalíes y corzos, alguno de esquivos urogallos e incluso el de algún oso. Quizás para bien, nos quedamos con las ganas de jabalíes y osos. Solamente algunas tediosas vacadas de parda montañesa dieron algo de emoción al paseo, especialmente por los altos prados donde hubo que practicar algún que otro corte torero.

Mediados de octubre, ¡siesta a 1600 m !
Mediados de octubre, ¡siesta a 1600 m de altitud!
Conflictos territoriales, ¡también entre ríos!….

Una vez en lo alto las vistas de la cordillera te empequeñecen, pisamos la divisoria de las cuencas del Duero y Miño; al sur el Omaña, al norte el Sil. Ambos ríos mantienen un dura pugna geológica desde hace milenios. Una guerra en la que de momento vence el Sil, que gracias a la mayor fuerza erosiva de su cabecera, le viene ganando fuentes y arroyos al río Omaña.

Un arroyo ¡con agua!
Arroyo, ¡con agua!

Así, caminando por las brañas, casi por la divisoria tuteábamos a los numerosos dos miles que nos rodeaban. En la lejanía el perfil rocoso y difuso de lo que creo que era Picos Albos se levantaba imponente. Mas cerca, a nuestros pies, se desploma un perfecto circo glacial originando el arroyo de la Vega del Agua.

A la hora de escribir esta reseña desde este mismo punto las vistas desgraciadamente deben de ser bien diferentes. Incontables incendios en Galicia, Asturias y alguno también en León están arruinando las vidas de muchos paisanos y del medio ambiente. Desde aquí nuestras condolencias y solidaridad.

Hacia el Puerto de la Magdalena

Tras un breve descanso para los pies caminando horizontalmente y con buen firme por Llano Verdasca, se nos abrió el precioso valle del Fasgarón —uno de los arroyos que tributaron al Omaña—.

La próxima vez... ¡un capote!
La próxima vez… ¡un capote!

La paleta de colores es amplía, contamos numerosos tonos ocres, amarillos, verdes, azulados y rojizos; aun podemos contemplar las decadentes florecillas amarillas de la hierba de Santiago y también violetas de los incipientes quitameriendas. El valle se había vuelto “fauve” y en cuanto soplaba la brisa una agradable lluvia de hojas nos envolvía dejando contrastar el elegante blanco ceniza de los jóvenes troncos de abedul.

La bajada resultó algo incómoda, sobre lascas sueltas que resbalan entre el polvoriento camino seco. Así hasta llegar al puerto de la Magdalena donde caminamos unos metros por la carretera a Villablino. Siguiendo la ruta indicada debemos de saltar una portilla, esta vez cerrada con candado, imaginamos que para que ningún descuidado la deje abierta y salgan las vacas a la carretera.

Durius Aquae: Valle del Fasgarón
Valle del Fasgarón

El camino es el antiguo que subía desde Murías a la Magdalena. Es  muy agradable, salteado de fresnos, servales y chopos. Encontramos más vacas que nos observan descaradas con sus enormes ojos oscuros y algunas fuentes y abrevaderos completamente secos.  Al fondo se dejaban ver los negros tejados de Murias, un bonito y cuidado municipio donde lo único que echamos en falta fue un lugar dónde tomar un café antes de emprender el regreso.

Campanario en Murías de Paredes
Campanario en Murías de Paredes

 

 

2 thoughts on “Fuentes del Omaña

    1. La verdad es que Rosalía me pone…

      Os tengo, pues, que dejar,
      huertita que tanto amé,
      hoguerita de mi hogar,
      arbolitos que planté,
      fuentecita del cabañal. …/…

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