En esta excursión partimos de nuevo de San Esteban de Gormaz. Cruzamos su largo puente  para rodar por sus tierras del sur. En sus pueblos encontramos bodegas, fuentes y palomares y en sus ásperos montes viejas tainas derrumbándose entre sabinas y carrascas. En Navapalos nos reencontramos con el Duero y recorriendo manzanales y hermosos sotos lo acompañamos para terminar con un baño de aguas frescas en los vergeles del Sotillo de San Esteban. La verdad, es difícil pedir más.

Aldea de San Esteban
Aldea de San Esteban

Compramos pan y agua y nos enfundamos el cortavientos, pero justo hasta la primera cuesta que encontramos. El verano se resiste y el sol comienza apretando desde la mañana. Enseguida llegamos hasta Aldea de San Esteban y desde allí, remontando el río Pedro subimos hasta Peñalba de San Esteban. Bodegas, palomares y el sugerente telón de “Las Tetas de la Reina” nos entretuvieron el camino junto a un pobre río seco.

Peñalba de San Esteban
Peñalba de San Esteban. Puente sobre el rio Pedro

Tras cruzar el curioso puente de hierro de Peñalba tomamos el camino de Atauta. Un precioso paraje; un valle plagado de viñas y almendros sobre el que se eleva una pequeña sierra de agrestes peñas en las que podemos adivinar el desaparecido mundo del pastoreo a la vista de las numerosas tenadas que se van desvaneciendo en sus laderas.

Término de San Esteban de Gormaz
Peñas y almendros por el término de San Esteban de Gormaz

Al legar a Atauta nos enfrentamos a una empinada subida que se nos hizo agradable con la vista puesta en su armonioso barrio de bodegas del Plantío y la enorme fuente-abrevadero cuyas aguas emergen de las peñas. El pueblo, sobre el cantíl de un páramo nos mostró su viejo y cuidado cementerio y algunas calles iluminadas con parras y flores sobre la piedra anaranjada de sus construcciones.

Atauta
Atauta, calle de la Fuente

Partimos hacia los montes con la intención de llegar hasta Ines. La ruta resultó muy entretenida por el encinar, con sendas que aparecían o desaparecían a veces en el lecho arenoso de una profunda cárcava por la que costaba pedalear. A cambio, un profundo olor cálido a jara llenaba nuestros pulmones. Llegamos finalmente hasta la ermita de la Virgen Blanca, y luego a las bodegas rodeadas de majuelos listos para vendimiar. Después de pasear por el pueblo y sus fuentes salimos por el frondoso camino de Navapalos tras cruzar el arroyo del Molino; también, como ya os imagináis, seco.

Ines fuente
Ines

Próxima al camino nos encontramos una taina en el pago de Carravillanueva. Nos acercamos a curiosear y nos felicitamos. Aunque abandonada no estaba hundida. Salvando un lecho de cardos secos atravesamos el corral entrando en la tenada que pudimos recorrer disfrutando del juego de luces y sombras que ofrecían los rayos de sol que penetraban entre las oquedades del tejado y de su entramado de vigas de sabina que soportaban su cubierta de teja árabe colocada sin cobijas. Los anchos muros de piedra seca bajo los ventanucos comenzaban a desmoronarse sobre restos secos de estiércol que ya no se limpiaron cuando no volvió el rebaño…

Vieja tenada en San Esteban de Gormaz
Vieja tenada en Ines

Un agradable descenso nos sacó del monte de sabinas y nos situó en Navapalos; el lugar por donde cuenta el Cantar que El Cid atravesó el Duero. Ahora es un despoblado ¿o no? La verdad es que podrían ser unas evocadoras ruinas pero con el ánimo de resucitarlo su aspecto es decepcionante.

Quizás sería mejor dejar a los muertos descansar. Incluso a los pueblos muertos.

Despojos en Navapalos
Navapalos

Tratamos de regresar por el Monte del Campillo pero nos pareció complicado a la vista del mapa; hubo que cruzar el Duero y nos ceñimos al río.

A nuestra derecha el inmenso campo de manzanos de La Rasa y a la izquierda sus trabajadores que almuerzan y descansan junto al río. Las hileras ordenadas de arboles cubiertos de rafia pasan deprisa y nos marean. Algunas gotas nos salpican hasta que nos damos cuenta que provienen de las enormes espalderas. En el interior están rociando con micro aspersión. Dejamos las bicicletas y dentro de una de las calles nos damos una ducha refrescante y suave que nos pone las pilas de nuevo cuando es mediodía y tenemos ya 30 grados.

Manzanos junto al Duero
Manzanos de Nufri en La Rasa

Más adelante nos detenemos; donde antaño pasaba la vieja barca de San Hipólito que desapareció al abrirse el puente de Navapalos. Ahora, el azud de Olmillos retiene, una vez más, las aguas del Duero para regar manzanos y fresas en la lucha finita por sumar hectáreas de regadío.

Seguimos hasta Pedraja de San Esteban, allí tomamos un camino verde entre los sotos del Duero donde encontramos también lugar para degustar nuestro bocadillo acompañados de la estrofa de agua del Duero que saltaba levemente sobre algunas piedras en la que una garza esperaba también su almuerzo.

Impresionantes sotos del Duero en San Esteban de Gormaz
Impresionantes sotos del Duero en Pedraja de San Esteban

Tras pasar el paraje del Molino de los Ojos nos plantamos en la playa de La Rambla en San Esteban donde hubo un baño fresco pero ineludible.

No es que la excursión nos hubiera sabido a poco pero a la vista del altozano del castillo alguien propuso rematarla con una trepada al cerro y fue dicho y hecho. Entre las callejas encontramos la subida y con paciencia llegamos hasta el lienzo que aún se sostiene. Las vistas, desde arriba, fueron de lo mejor de la excursión. El pueblo mostrándonos su estructura medieval sobre sus rítmicos tejados. Mas allá el río trenzado y partido por el largo puente y, al fondo, las resecas tierras recorridas hace unas horas con la Sierra de Ayllón cerrando el escenario.

Puente sobre el Duero de San Esteban de Gormaz
Puente de San Esteban de Gormaz

Descendimos despacio, visitando los pórticos de San Miguel y Rivero, bodegas o casas cueva y el molino y el puente para, al final, perdernos recorriendo el entramado de puentecillos instalados recientemente que permiten descubrir los increíbles entresijos del Sotillo entre el río y sus canales. Verdadero tesoro de San Esteban.

 

Para el que se anime aquí dejamos la ruta de wikiloc

 

Y el tempranillo a punto…
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