Hoy el día era excepcional para el pedaleo: mañana fresca, viento escaso y un amplio y luminoso paisaje por delante por recorrer.
Partimos de Osorno la Mayor después de hacernos con un buen pan para el almuerzo y de visitar su iglesia de la Asunción, que se nos muestra como un estuche que acoge magníficos elementos artísticos desde la época medieval, como el precioso calvario gótico del que os dejo esta fotografía.

Rodábamos hacia el norte y, a medida que avanzábamos, las grandes llanuras terracampinas iban dando paso a terrenos suavemente ondulados que abrían camino a ríos palentinos como el Abánades, el Boedo y el mismo Pisuerga.
Tras cruzar el Valdavia o Abánades y pasar por la ermita de Nuestra Sra. de Ronte, nos encaminamos hacia Espinosa de Villagonzalo, donde entramos en la comarca de Boedo-Ojeda. Allí, en su Plaza Mayor, encontramos un magnífico crucero elevado sobre un curioso pedestal y que un cartel turístico define como rollo jurisdiccional.

Tras visitar también la iglesia de Santa Cecilia, dejamos el pueblo para dirigirnos hacia Hijosa de Boedo, recorriendo bonitos caminos bordeados de jara, rebollos y con algunos atolladeros causados por las últimas tormentas.
Por Hijosa de Boedo no pasa precisamente el Boedo, pero su iglesia nos muestra su preciosa cabecera románica y un flamante pórtico que hace de ventanal a un paisaje soleado y tranquilo.

Desde allí seguimos caminos montaraces, muy agradables y sin grandes repechos. Estos nos dejaron en Ventosa de Pisuerga, donde nos encontramos con la esclusa octava del Canal de Castilla. Desde allí, por el camino de San Andrés, buscamos al río Pisuerga, que encontramos fluido y hermoso bajo el histórico puente de Zarzosa de Riopisuerga.

Tras recorrer la localidad, llegando hasta su ermita y su iglesia, tornamos rumbo sur llegando en un suspiro hasta Castrillo de Riopisuerga, por donde anduvimos no hace mucho en una dura jornada ventosa.
Cruzamos de nuevo el río y desde La Campesina volvimos hasta el Canal de Castilla. Allí hicimos un alto para comprobar su lamentable estado y la desidia con la que se trata este gran monumento.

El viento se levantaba del sur y por ello aprovechamos los setos del canal para viajar a la sombra y protegidos, en lo posible, del seco solano. En un altozano encontramos Olmos de Pisuerga, un pueblecito encantador con una iglesia gótica con arbotantes… ¡realizados en hormigón a principios del S XX! y, a continuación, Naveros de Pisuerga, como el anterior pedanía de Herrera de Pisuerga, con una iglesia de bella portada gótica y esclusa con molino.

Seguimos camino hasta llegar a la esclusa catorce del Ramal del Norte. Desde allí, tornamos hacia la derecha, sobrepasamos la ermita de San Cristóbal y remontamos suavemente el valle del Pisuerga buscando el regreso hacia Osorno.
El camino nos desapareció y se complicó en algún momento, pero también lo hicieron los páramos y colinas para entrar de nuevo en la amplia Tierra de Campos. Tras visitar la ermita de San Pantaleón, cruzamos de nuevo el Valdavia, que nos había sorprendido por el notable caudal que llevaba para la época.

Osorno nos recibió cansados, pero con algún bar abierto. Entre sonoras partidas de mus y dominó, degustamos unas cervezas frías que nos entonaron para la vuelta a casa.
Aquí os dejo el recorrido, ¡ánimo!
