La verdad es que tenemos un problema con Aliste y Sayago y es que no podemos aguantar mucho tiempo sin visitarlo y recorrerlo. Y en esas estamos.
Hoy comenzamos esta bonita ruta en Fornillos de Aliste, pasamos a Portugal, recorrimos parte de la Sierra de Bozas y regresamos por la vereda de los Carvajalinos.

En Fornillos comenzamos a media mañana, tocaban a difuntos y sus gentes se acercaban a la iglesia en silencio. Nosotros salimos discretamente por Las Llameras por un precioso camino de robles y cortinas en busca del molino de Lajafriz.
El paisaje era delicioso a pesar de que tuvimos que seguir el arroyo por un estrecho e incierto sendero de ganado, hasta que dimos con el curioso molino. En sus entrañas, en su cárcavo, sigue el gran rodezno oxidado; y su balsa, ahora vacía, nos llamó la atención por estar construida, justo tras el molino, a base de rocas ciclópeas.

Entre un paisaje renchido de caldoneiras doradas buscamos la salida hacia Moveros. Un pueblo de alfareras que nos recibe con el viejo horno de las Vegas y nos despide con el de Santa Catalina. Muy bien acondicionados para comprender el proceso de cocción tal cual se realizaba en la antigüedad.
Desde allí subimos hasta el cerro que acoge la ermita de Nossa Senhora da Luz, en la misma Raya pero del lado de Portugal y muy querida por los vecinos de ambos lados. Por los alrededores aparecen restos de los puestos fronterizos de antaño, ¡qué bien que hayan desaparecido!

La siguiente parada fue ya en Cosntantim, un pueblecito, al otro lado de la la “raia”, lleno de encanto junto al arroyo Vale do Bolinico. Recorremos con calma sus calles adoquinadas. Tiramos fotos a sus numerosas fuentes, a sus huertos con cigüeños y a sus viejos edificios hasta que llegamos a la capela de Nossa Senhora das Dores y tomamos dirección hacia Cicouro entre robles, viñas y cerezos.
En Cicouro nos refrescamos en sus lavaderos, aún en uso, como suele ser frecuente en estos lares. Después partimos para cruzar de nuevo la Sierra de Bozas, buscando el paso por el que la Ribeira de Angueira entra en Tras os Montes desde Alcañices.

El paisaje seguía siendo hermoso y las vistas cada vez más amplias. Entre un suelo tremendamente verde y lleno de vegetación nueva se dejan ver los restos carbonizados de un incendio. La naturaleza nos muestra como sigue su lento camino, ajena a nuestras fechorías y preocupaciones.
En la raya de nuevo, buscamos el paso a España por un lugar que ya sobre la cartografía se prometía complicado. Aún así nos arriesgamos generando, cómo no, la aventura del día. Tras una bajada tremenda conseguimos llegar hasta el arroyo de Angueira, entre un ortigal que nos abrasó las piernas.

Cruzamos junto a una cascada y conseguimos salir del cauce cerca de un camino por el que pasamos de nuevo a España, para volver a cruzar el arroyo y buscar otro camino-cortafuego. Finalmente y con alguna penalidad salimos del embrollo, escocidos y calados a cambio de visitar uno de los lugares más bonitos de la ruta. (este tramo del itinerario no es nada aconsejable en solitario; mejor buscar alternativas).
Sin más novedad llegamos a Viviniera, luego a Arcillera y finalmente a Ceadea. Entre campos más variados, más llanos y con cultivos. Los robles compartían sus bosquetes con algunos pinares y las jaras nos dejaban el agradable y meloso perfume con el que nos compensan las jornadas de calorina.

Sus iglesias y ermitas, humildes y acogedoras, están cortadas por el mismo patrón: una espadaña campanario y un pequeño pórtico de entrada; casi todas en granito y con las campanas en su sitio.
Tras unos 50 km, al caer de la tarde, estamos de vuelta refrescándonos en el caño de Fornillos. La iglesia está cerrada, sus campanas en silencio, sus calles vacías y las ánimas reposando ya en el cementerio.
Aquí os dejo la ruta (ojo al punto que hay que evitar)
