El territorio de la provincia de Valladolid destaca por sus llanuras y la escasez de accidentes geográficos bruscos. Como demarcación política, es la más llana de España, —quizás de Europa—; desde el punto más elevado hasta el más bajo no llega a los 300 m de desnivel.
– Punto más elevado: Alto “El Cuchillejo”, término de Castrillo de Duero. Con la ayuda del mojón del vértice geodésico: 932 m
– Punto más bajo: Salida del Duero de Valladolid en término de San Román de Hornija, unos 645 m
¡Desde luego no podemos quejarnos de las cuestas!….
Pero tenemos una excepción: los Cortados del Pisuerga. Entre Cabezón del Pisuerga y San Martín de Valvení, el río ha ido lamiendo con paciencia las laderas del Cerrato. Éstas, formadas por arcillas, arenas y yeso se han ido desmoronando y creando un paisaje vertical de acantilados terrosos.

Desde la ribera del río es posible recorrer las alturas sobre el sendero PRC-VA8, tanto caminado como en bicicleta. Desde allí se contempla la amplia campiña del Pisuerga jalonada por los páramos de Torozos a la derecha y los cerratos a la izquierda de su cauce.
El paisaje tiene dos partes bastante diferentes; por un lado los Cortados de Cabezón, más altos, menos abruptos y algo más alejados del río. Por otro: las Peñas de Gozón, ya en término de San Martín de Valvení. Estas son más delicadas, se elevan 70 metros y caen a plomo sobre el río. A la vez, nos muestran con nitidez su estructura interior, compuesta de estratos sedentarios blancos, marrones y anaranjados, según sea su composición.

Estas peñas sin rocas, se pueden recorrer muy bien por lo alto con imponentes vistas sobre el río, también se observan trazas de lo que pudo ser un poblado vacceo y después romano. Por abajo, junto al río, no es fácil ni conveniente pasar.
Hoy, como hacía calor, hemos hinchado nuestro kayak y lo hemos echado al río en un diminuto acceso que hay junto a las peñas. Desde allí hemos paseado las aguas, muy tranquilas, entre una deliciosa brisa y, bueno. algunos mosquitos también.
La cuestión era disfrutar de las peñas desde abajo. Paleamos sobrevolados por una ingente muchedumbre de pájaros que han encontrado en las riberas abandonadas de los ríos, la selva perfecta para aislarse de nuestro agresivo mundo. Como no somos expertos no podemos hacer relación completa de toda la pajarería; pero grajetas, patos, cormoranes, milanos, lo que me pareció un águila o al menos un busardo y, por supuesto, el colorido martín pescador, planeando veloz sobre la superficie.
Las dos riberas son cerradas, no hay playas y la arboleda nace del agua. De repente, junto a un recodo unos roncos ladridos nos asustan. Al mirar vemos sorprendidos, en un pequeño claro, como un gran corzo de desgañita provocando un estruendo entre la paz del río.

Desde el agua las peñas son también muy hermosas. Abajo, junto al agua, se forma un pequeño glacis sobre el que se atreven a vivir algunos árboles con la constante amenaza de los derrubios que se ven patentes. Y, hacia arriba, se pueden observar grandes almenas inestables que se separan del monte y caerán pronto sin remedio.
Cómo agradecemos que no hayan construido aquel mirador que se proyectó y que hubiera asesinado el paisaje como se viene haciendo innecesariamente en otros lugares de la cuenca.

Intentaremos volver a esta parte tan hermosa del Pisuerga cuando las temperaturas refresquen. Hay un buen tramo de río entre la presa de Aguilarejo y la del Quiñón que merece la pena volver a navegar.
Aquí, en wikiloc, os dejamos el tranquilo recorrido
