Dentro de un cuaderno como este —y ya que aún mantenemos las fuerzas— no podía faltar esta visita al gran circo pétreo de Gredos, uno de los bordes más emblemáticos y hermosos de la cuenca del Duero donde, en medio de un mundo de granito, encontramos una naturaleza brutal y apasionante.

Aprovechando una jornada entre semana y tras saludar al bonito “Pino del Rey” junto al río Tormes, estacionamos en la famosa Plataforma, hoy generosamente despejada. Allí comenzamos nuestra sosegada ascensión en dirección al collado de Navasomera para asomarnos hasta el Risco del Fraile. Desde allí, sobre tors monumentales, pudimos contemplar la amplia meseta castellana del sur hasta donde nos lo permitieron los Montes de Toledo, que de color azulado cerraban el horizonte.

Desde ese punto rematamos trepando hasta el Morezón (2389), que nos regaló la espectacular vista del Circo de Gredos, bordeado entre cuchillares entre los que destacaba el gran pico Almanzor al que tuteábamos frente a nosotros. Abajo, en el abismo, la Laguna Grande no era más que un diminuto cristal de mica brillante.

Tras recrearnos unos minutos, iniciamos el duro descenso entre peñas e incipientes gargantas hacia la laguna. Buscamos el conocido camino de los Barrerones, al que llegamos para descanso de nuestras piernas. De nuevo, la grandiosidad. La laguna ha crecido y ahora los paredones nos rodean casi por completo.

Todo es silencio, paz… el agua está calma y refleja cielo y farallones; la temperatura es deliciosa. Disfrutamos de unos minutos de felicidad mística mientras piernas y pies se relajan… Es el momento de rememorar las historias y leyendas que siempre suelen acompañar a los lugares únicos.

Pero aún queda el regreso. Antes de ello nos acercamos hasta el desagüe de la laguna. Observamos cómo entre las aguas, muy claras, abundan las truchas. También la vegetación se desarrolla en el agua formando graciosos bosquetes. Finalmente, esas aguas rebosan, se cuelan y brincan entre los enormes bolos de piedra buscando una salida, rodeando los domos y resbalando de cascada en cascada hacia el inmenso abismo, formando la imponente Garganta de Gredos que revitalizará al joven río Tormes más abajo, en Navalperal.

Retomamos de nuevo la senda de los Barrerones. Algunas cabras coquetas, posan y les tomamos fotos; paramos y nos refrescamos en sus fuentes: primero la de los Barrerones, de generoso caño y concurrida; después la de los Cavadores.

Finalmente comienza el deseado descenso final. Desde Los Colgarizos llegamos hasta el Prado de las Pozas. Allí una nueva garganta se toma un descanso generando un conjunto de lagunillas que rodea un gran pastizal, donde parece que las vacas avileñas disfrutan de una bucólica vida.

Ya solo quedaba llegar. No recordamos haber encontrado un solo árbol en la ruta, solamente brezo, algunos pastos y granito y, sin embargo, el paisaje es majestuoso. Atravesamos el prado del Llano Barbellido, pasamos junto al refugio de Reguero Llano y, tras un breve descenso, nos encontramos de nuevo en la Plataforma.

Aquí os dejo el mapa del recorrido: casi 17 km de pura magia con algunos tramos complicados, pero que sin duda merecen cada paso. ¿Os animáis a descubrirlo? , ¡Ojo! no deja de ser alta montaña