Hoy nuestra excursión parecía embocada al desasosiego y al frío. Las previsiones atmosféricas habían sido malas y cuando nos acercábamos hacia Carabias, en el noroeste segoviano y punto de partida, una pequeña tormenta de agua nieve lo confirmaba. Con una buena dosis de voluntad y bien abrigados, nuestras bicicletas arrancaron poniendo rumbo hacia Ciruelos entre la dócil sierra de Pradales.

Entre la humedad, la neblina y las pedaladas nos fuimos entonando en la búsqueda de nuevos paisajes invernales.
Llegamos a Ciruelos y visitamos su espadaña junto al cementerio. Entre las campanas de sus vanos levantamos una bandada de palomas que enseguida regresan cuando se dan cuenta de que no somos nadie para ellas.

Entramos entre los campos empapados hacia el sur. Tras atravesar algunos portones nos colamos entre un precioso camino que nos lleva en volandas entre una dehesa de robles y monte bajo hasta las cercanías de Encinas.
Aquí nos llevamos algunas sorpresas. Primero nos topamos con la encantadora fuente del Val, baja de aguas pero muy armoniosa de hechuras. Después con sus palomares; nos acercamos hasta uno de ellos encontrando un auténtico tesoro etnológico en su interior en forma de antiquísima escalera, nidales con cuévanos y escobas de retama. Tal cual quedaron y a punto de colapsar.

Y ya en el pueblo, otra espadaña esbelta nos lleva hasta la iglesia de San Pedro, de origen románico como casi todas las de por aquí, con sus sucesivas modificaciones.

A estas alturas el frio persiste pero ya ni nos damos cuenta. Seguimos nuestro paseo preocupados solamente de encontrar caminos sin excesivos barrizales. Esto resulta todo un reto.
Fresno de la Fuente será nuestra siguiente parada. Desde la distancia podemos apreciar, como no, su espadaña. Pero es la fuente que da apellido al pueblo su verdadero ícono cultural ya que se trata de uno de esos extraños casos de románico civil. Bien conservada, nos muestra sus buenas hechuras. Con su amplio arco de medio punto se curaron en salud incluyendo una columna de refuerzo. Entre sus frías aguas, también bajas, se entretiene un pequeño banco de kois.

Junto al arroyo Seco —que baja bien cargado— y después por una hermosísima cañada, salteada de enormes robles, llegamos hasta Pajarejos.
Su espadaña en elegante pero lo es más su ábside, que conserva elementos originales, como sus pequeños vanos con columnas. Para sorpresa nuestra, el Sol puede con las nubes y se abre paso, son sólo unos minutos, pero los aprovechamos para nuestro almuerzo. Buscamos una abrigada y con el viento calmo parece que este solecillo hasta calienta y se está divinamente.
Tras el refrigerio nos encaminamos hacia Bercimuel. Junto al arroyo de los Pradillos contemplamos una espadaña más, y esta , graciosa y completa de campanas.

Para variar nos dirigimos entre tierras rojas recién aradas hacia Cedillo de la Torre, y vaya, ¡por fin! Encontramos una torre entre tantas espadañas. Una torre de base románica formidable, tan alta y robusta que no resulta extraño que de nombre al pueblo.
Dejamos los campos abiertos y tornamos hacia las faldas de la Sierra de Pradales. El paisaje va cambiando al aparecer sabinas salteadas. Entre ellas llegamos hasta Moral de Hornuez, un pueblo encajado entre montes y vallejos (del que visitamos su sabinar) y en el que encontramos la espadaña de su iglesia de San Juan.

Alguien, mayor y dicharachero, nos cuenta como de niño tiraba piedras hacia las campanas haciendo sonar de vez en cuando alguna, algo que no era fácil. También nos indica que nos fijemos en los “garibolos” antiguos en los aleros. Algo que hacemos recreándonos con un sinfín de variados canecillos esculpidos con imágenes misteriosas.

Aunque el día ha ido a mejor y nos ha permitido hacer la excursión, cansados por el esfuerzo y más por el barro, regresamos por la pista asfaltada hacia Carabias. Por cierto, no lo había dicho: En Carabias también pudimos contemplar su espadaña en la iglesia de San Juan. Una muestra de la humildad de estos pueblos que no quieren hacer de menos a las sierras que se levantan orgullosas en su horizonte.
