En este empeño que tenemos de disfrutar del río Duero, esta vez, y ya en pleno otoño, nos hemos acercado a pasear por el municipio de Resende, en Portugal, que descansa sobre una pequeña meseta, una terraza natural en la ladera sur del Douro.

Una finísima lluvia alterna con ratos soleados; la temperatura es deliciosa. La vendimia acaba de terminar, pero el jardín del Douro sigue ofreciendo sus frutos. No son solamente uvas: abundan los kiwis, los caquis, los limones, peras y manzanas, las frambuesas, higos, alguna platanera y, ya caen las castañas, mientras las olivas aún esperan. Todo es un húmedo verdor por el que da gusto pasear, teniendo en cuenta, claro está, que aquí nada es llano.
Vamos a caminar por algunos de sus paisajes:
Bajamos desde el pueblo hasta el río
Encontramos que el pequeño municipio portugués estaba de luto: hacía solamente unos días que una joven bombera había fallecido en acto de servicio cuando le cayó un árbol encima. Con todo cerrado por el lógico duelo, paseamos por sus calles decoradas por la frustrada Festa da Lavadera, subimos hasta su iglesia y cementerio para luego descender hacia el río entre sus callejuelas en empinadas cuestas.

Pasamos por la freguesia de Mirão, descendimos entre terrazas y contemplamos algún hórreo, hasta que finalmente llegamos hasta la ribera. El río está retenido por la presa de Carrapatelo y se muestra ancho y hermoso.

Algunas barcas de pescadores reposan amarradas y frente a nosotros, al otro lado, silba el tren que se dirige hacia Régua. Dejamos el río y subimos con paciencia; llegamos hasta la N-222 y, por ella, a un Resende que trata de recobrar su pulso.
Caldas de Aregos y río Cabrum
Nos acercamos hasta las conocidas Caldas de Aregos. Estaban cerradas por reformas. El lugar tiene un encanto decimonónico, con hoteles y pensiones abandonadas entre otras más modernas que tratan de mantener su merecido prestigio.

No pudimos disfrutar del balneario, pero el lavadero público de la localidad se abastece de las mismas aguas y allí que nos metimos unos minutos a tomar nuestra ración de minerales.

Desde allí nos dirigimos hasta unas cascadas que forma el río Cabrum, un pequeño afluente del Douro que baja dando brincos desde la sierra de Montemuro que jalona esta ribera del río. Un pequeño paseo entre un paisaje agreste pero encantador, colmado de vegetación entre la que se ven también restos quemados de viejas arboledas. Más arriba, en una pequeña presa, el río también ofrece opciones de baño entre bolos de granito en la playa de Lagariça; pero hasta tan arriba no llegamos.
Porto de Rei
Porto de Rei es una encantadora playa fluvial en el mismo Douro a la que llegamos con nuestro vehículo. Ya no era temporada, pero sus restaurantes y chiringuitos anuncian animación en verano. Su servicio de socorrista ya no está disponible, aun así, alguna valiente se zambullía con precaución. Hay muelle, piscina, mesas y campos de juego: un lugar delicioso.

Mientras caminamos por el pantalán pasa una gran lancha. ¡Qué bonita! Al menos hasta que su estela, que parecía inapreciable y graciosa, balancea con brusquedad la estructura móvil dándonos un buen susto.
Subimos sin prisa, contemplando el valle que va quedando abajo, y paramos en la iglesia de São João de Fontoura para tomar alguna foto del valle, de sus bancales y del duro granito amusgado de la típica iglesia barroca del Douro.

¡En fin! Un viaje más junto a nuestro Duero que no ha defraudado. Ahora hay que trepar, aprender a conducir por estas pendientes y por estrechos caminos que parecen inciertos, pero que finalmente te llevan a lugares como algún restaurante en las laderas con vistas amplias al valle…
📝 Notas de bitácora (Guía práctica)
- El sendero: Aquí os dejo el track del paseo a pie por Resende. A los otros dos puntos del artículo (Caldas de Aregos y Porto de Rei) conviene mejor acercarse con el vehículo.
- Para comer: Douro à Vista, un lugar muy recomendable donde disfrutar de una excelente gastronomía local con amplias vistas panorámicas al valle.
- Para dormir: Quinta de Casalmato, una casa rural fantástica entre viñedos donde nos alojamos divinamente.
- En la carretera: Por cierto, una excelente noticia para los que viajen por el interior de Portugal: las antiguas autovías SCUT (como la A24 que da acceso a esta zona) han apagado sus arcos y ya no cobran el peaje automático. ¡El viaje por el norte luso ahora es mucho más fluido!
