Dejo Cigales después de mi extraña visita acompañando en el tiempo a nuestro viajero Alexander Mackenzie. Habíamos rememorado la historia del aquel supuesto gigante de 20 pies que lo llevó hasta allí y ahora dejamos la localidad para regresar hasta Valladolid por la fresca sirga del Canal.

Salgo, cuesta abajo, entre viñas. Es el anchuroso valle del Pisuerga, antes de llegar al río cruzo el Canal y me entretengo en el frondoso paraje de la fuente de Santa Cruz que con su buen chorrillo nutre una charca.

Aquí el Canal lleva una traza complicada, primero salva al arroyo del Prado mediante un acueducto y después busca hueco en la ladera que cae hacia el río casi veinte metros por encima del mismo.

Canal de Castilla en Valladolid
Canal de Castilla bajo el nudo de la VA 30

Imaginamos que fue por aquí donde nuestro viajero apareció en el momento en el que se estaba cavando la caja del Canal de Castilla en aquella primavera de 1834 por aquellas cuerdas de prisioneros de las que nos da testimonio.

Alexander Mackenzie en su libro Spain Revisited (vol. II), nos hace un repaso de la historia del Canal hasta el momento y sus vicisitudes con algunas imprecisiones que no desmerecen sus apuntes. También opina sobre política y compara el espíritu emprendedor americano con la decadencia en que se encuentra nuestro país; opiniones que le debieron de traer algún quebradero de cabeza.

Finalmente se encuentra con los prisioneros trabajando en la caja del Canal

Después de montar durante un rato a lo largo del canal, llegue a un punto en el que un gran número de presos estaban excavando la ribera del Pisuerga, el trabajo se estaba realizando de la mejor manera, haciendo este gran esfuerzo para asegurar su firmeza y durabilidad. El lecho del canal me pareció a mi que tenía una profundidad y anchura innecesarias aunque no llegaba a la que se observaba en el Canal de Aragón. Los españoles tienen un gusto por la grandeza y duración de sus obras públicas lo cual les favorece a este respecto con la ligereza y temporalidad de las nuestras.

 

Dársena del Canal
Dársena de Valladolid en el Canal de Castilla. Vaciada para limpieza

Sin embargo, nosotros tenemos nuestras ventajas; nosotros ejecutamos mientras que ellos hablan; nosotros completamos mientras que ellos comienzan. Con una población algo superior a la suya, y muchísimo más dispersa, …. nosotros comenzamos y terminamos quince trabajos, mientras que ellos se auto glorifican por el comienzo de uno…

Después de este autobombo,

del que quizás no le falte algo de razón, nos cuenta algunos detalles de su encuentro con los presos.

Los pobres hombres empleados aquí están vestidos con andrajos y en una gran miseria. Algunos se encargan de preparar la comida en grandes ollas y otros de la imprescindible labor de afeitar a los demás. En algunos lugares hay cuevas y oquedades excavadas en las laderas próximas al canal para refugio del sol y la lluvia en sus horas de asueto.

Estos delincuentes no reciben más que 10 céntimos a diario, con los que tienen que vestirse y alimentarse además de proveerse del lujo del tabaco, del cual bajo ningún concepto se privan. Una pequeña miseria que además se ve reducida por la corrupción de los oficiales que tienen el monopolio de satisfacer sus deseos extorsionándoles grandes sumas hasta exprimirles la sangre…

Según pasaba por la orilla del Canal por encima de ellos, algunos se acercaban a mi extendiendo sus sombreros pidiéndome algunos cigarros o dinero para comprarlos. De forma educada, no servil. Con el tono en el que la miseria te envalentona…

Sobre un promontorio, observando el área de trabajo, se encontraban apostados un grupo de soldados. Solamente un centinela vigilaba por la orilla mientras que los demás, después de apilar sus mosquetones, jugaban a las cartas o sesteaban al sol.

Después se nos pierde en opiniones subjetivas sobre los motivos de sus condenas…

El Canal llegó a Valladolid

y durante un siglo sirvió como medio de transporte. Hoy conserva su función de regadío y las cuerdas que lo recorren ya no son de presos sino de paseantes, de ciclistas, de pescadores. Cunachos y legonas, rudas herramientas, se cambiaron por cañas de pescar, bicicletas, bastones y cualquier elemento de ocio a la sombra de sus alamedas.

Atardecer en el Pisuerga
Atardecer en el Pisuerga

Alexander Mackenzie seguramente regresó en su viejo caballo de alquiler por alguna de las cañadas que se dirigían hacia el Puente Mayor. No conoció las esclusas 41 y 42, probablemente en obras. Regresó a Valladolid donde después de recorrer de nuevo lo que más le gustó de la ciudad: las hermosísimas y animadas riberas del Pisuerga y alguna otra aventura siguió viaje hacia Burgos.

Yo también regreso a la ciudad. Ahora la dársena esta vacía. Toca limpiar el lugar el lugar donde terminaron de cavar los prisioneros que hasta aquí llegaron ya que muchos murieron por enfermedades o desertaron. El Pisuerga sigue hermoso, quizás algo maquillado por sus aguas recrecidas, por sus parques y su playa y por supuesto sigue siendo el magnífico lugar de encuentro y flirteo que ya llamó la atención de Mackenzie hace casi dos siglos.

(Visited 1.417 times, 1 visits today)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: